miércoles, 30 de marzo de 2011

Colores


Una sucesión de puntos coloridos bajan desde el techo, posándose en mis manos, cara y pies. Todo esta oscuro, pero los puntitos resplandecen formando un baile multicolor. Cierro los ojos y aun los veo. Siento como me acunan y me arropan. Puedo dormir tranquila, porque ellos alejan a los monstruos, piratas y arañas que intentan mantenerme en vela.

domingo, 13 de marzo de 2011

Porque a veces cuesta decir que si.

Al notar como el color subía a mis mejillas entre en pánico.
- Paula. – levante la cabeza al sentir su llamado. - ¿Qué opinas?
- Realmente, no lo sé. Jamás leí algo así, pero tampoco es que haya leído mucho a lo largo de mi vida.
- No me refería al libro.
- ¿A no? – prefería hacerme la tonta a abordar el tema que él pretendía.
- No, me refería a mi propuesta. – parecía desesperado, pero intentaba conservar la paciencia. - ¿Se casaría conmigo?
Me sentí ahogada y eso que lo escuchaba por segunda vez en los últimos minutos. ¿Cómo puede ser que alguien que ha esperado toda su vida por algo justo cuando lo encuentre no sepa qué hacer con él?
Mi pretendiente me observaba expectante, y yo no podía hablar. Mire su lujoso traje y luego mi ostentoso vestido de seda acompañado con joyas. Y al final solo pude romper a llorar.
- ¿Por qué las lágrimas? – pregunto angustiado mientras me ofrecía su pañuelo. – Lamento si te he ofendido, Paula.
No conteste y no porque no quisiera, sino porque no podía pronunciar palabra entre tanta lagrimeada. Pasaron unos minutos y él no pudo soportarlo más, se puso de pie dispuesto a marcharse.
Por mi lado, asustada con quedar sola, cerré los ojos con fuerza y tragándome todos mis miedos tome una flor del centro de mesa. Corrí hasta él antes de que saliera de la habitación, se volteo cuando escucho mis pasos detrás de sí y me quedo mirando. Le extendí la flor hacia él.
- ¿Qué quieres decir?
- Si… eso es lo que quiero… - mantuve la mirada baja y solo pude levantarla cuando sentí que él se relajaba. Su sonrisa era ancha.
- Creí que me ibas a decir que no.
Sentí el alivio al escuchar esas palabras y sin pensarlo más lo bese.

viernes, 11 de marzo de 2011

Algo diferente

- No te vayas… – le dije casi en un susurro mientras intentaba controlar las lagrimas en mis ojos.
- No me voz – se sentó a mi lado y entrelazo sus dedos con los míos.
Me apoye en su hombro. Ella me beso con dulzura el cabello.
- Lo lamento. Me disculpe levantando  la cabeza. – Lamento la bronca que te echaron tus viejos. Jamás pensé que revisarían tus cosas.
- No importa.
Me mire la falda nerviosa y la alise con mi mano.
- ¿Por qué no te fuiste? – mi pregunta la dejo desconcertada. – No es lo que yo quiero y lo sabéis, pero ¿no era más fácil? Si te alejas de mí tus padres estarán felices.
Sonrió con diversión.
- No pienso obedecerlos siempre, menos si eso significa ir en contra de mi felicidad.
- Gracias. – le dije dejándome caer en su hombro otra vez. – Te quiero.
La oí suspirar y cerré los ojos en espera de su respuesta.
- Yo también te quiero.
Y nos quedamos ahí  tomadas de la mano en mitad de la plaza. ¿Qué más daba que nos vieran si éramos felices?

Espero que les guste y lo entiendan. Se me ocurrió el otro día mientra estaba acostada y me enterneció.

jueves, 10 de marzo de 2011

Frenética

Corrió con todas sus fuerzas a pesar de saber que ya no podría escapar. Miro adelante y solo adelante en busca de un milagroso escape. Tenía el cuerpo magullado por el trato que le había dado aquel que lo perseguía. Dobló a toda velocidad en un callejón y pensó que le había perdido. Sin embargo cuando un grito desaforado sonó a su lado, sintió que el alma se le venía a pique. Ninguna estrella puede deshacerse de los fanáticos.

"Se que es cortito pero me encantan este tipo de relatos y al ser tan pequeños puedo subirlos muy seguido. Pronto tendran mas"

martes, 8 de marzo de 2011

El harén

Perfumes caros. Baños aromáticos. Unciones de aceites. Joyas, ropa y más joyas. Mi nombre es Reyhan, “la favorita de Dios”, y este es mi mundo. Una vida de ocio dentro de las cuatro paredes de un cerrado harén. Tengo catorce años y hace un mes que me separe de mi familia para formar parte del grupo de esposas del importante pachá Mustafá.
A diferencia de lo que deben creer no me siento asustada, menos aterrorizada. Para mi formar una familia es todo para cuanto fui traída a este mundo. Además si mi madre tiene razón pronto seré la primera dama y tendré el favor de mi esposo.
No me preocupan las otras mujeres, no son competencia para mí. Pues mi padre es un turco de buen linaje y mi madre una inglesa que se enamoro de él. Afortunadamente, como solía decir mi madre, salí a ella, tengo su rojizo cabello y sus claros ojos. Lo que en convierte en una rareza ante las demás mujeres morenas.
Otro punto a mi favor es que ninguna de las once esposas del pachá le ha dado un varón aún y teniendo en cuenta mi juventud de seguro seré la primera en darle un buen heredero.
La encargada del harén nos pone en fila y nos mira con suspicacia esta tarde. Ha llegado la hora de elegir tres de nosotras, de las cuales solo una quedara fuera de aquí durante esta noche. Sana, la encargada, señala a Cari y esta sonríe con suficiencia. Luego Aida… Y aquí vengo yo. Fui seleccionada.
Comienza la preparación para tan ansiada ocasión. Baños, masajes, unciones… Las demás me miran con resentimiento e intentan asustarme con historia sobre lo cruel que es Mustafá, pero yo me limito a sonreírles y no escuchar sus tonterías. Creen que si les hago caso, tal vez me niegue a entregarme al pachá y eso provocara que me saquen para devolverme a mi familia por mala esposa. Mejor que sigan soñando.
Luego de que me vistan, me coloco frente al espejo mientras pienso en lo que pasará. Mi madre logro mantenerse invicta como primera y única dama durante muchos años ya que les dio a mi padre, su primogénito, mi hermano Kemal, varios varones y mujeres más. En total somos diez, tres mujeres y siete hombres.
Espero que mi nombre me traiga verdadera gracia de Dios y pueda dar a luz a muchos niños. Sana viene a buscarnos y todas nos cubrimos con los velos. Los eunucos nos trasladan por un largo pasillo desde el ala femenina a la masculina. Impacientes las tres esperamos al pachá en la sala de estar.
Cuando Mustafá entra todas nos ponemos de pie y bajamos la vista. Mustafá en un hombre grande de piel morena como el café, ojos y cabello negro. Es la primera vez que lo veo. Es apuesto a pesar de mucho mas grande que yo.
A la orden de su potente voz, las tres candidatas dejamos caer el velo con delicadeza a nuestros pies. Observo von alegría como los ojos de Mustafá se abren al ver mi cabello rojo combinado con el verde esmeralda de mis ropas. Cuando su mirada se relaja, compone una sonrisa torcida.
Se adelanta y pregunta algo a Sana en el oído, Ella contesta con seriedad. El pachá no mira nuevamente y pronuncia mi nombre con dulzura. Estoy feliz aunque intento no demostrarlo. Él extiende una mano hacia ahí y yo se la acepto. Me conduce hacia la salida mientras yo miro los rostros de desilusión de las demás y no puedo más que apenarme por ellas.
Volteo la cabeza decidida a disfrutar de este momento y deseando con todas mis fuerzas que pueda conseguir lo que deseo…