martes, 31 de mayo de 2011

Cadenas... Siganlas...

Bueno... A decir verdad este premio ya me lo han otorgado dos veces pero por una cosita u otra no he tenido tiempo de publicar la entrada... Jaja... Primero y ante todo gracias... muchas gracias... a Gisela y Gixxie por otorgarme este gran premio... Jaja...
Ahora vamos con la propuesta... que era: hacerte una pregunta y responderal...

Pregunta:
¿Para qué sigo soñando?



Respuesta:

Bueno... pues los sueños son los motores del alma por así decirlo... Los sueños son aquellos que te motivan a continuar, a intentarlo una vez mas... Sin sueños no hay motivación... No hay ilusiones ni pretensiones... No hay ganas de hacer nada... Mis sueños me ayudan a escribir... a avanzar para lograr ser alguien mejor y dejar aunque sea una pequeña huella en esta historia...
Mis sueños lo son todo... Sin ellos no habría motivos para vivir... ni existir... Así que esta confirmado: ME GUSTA SOÑAR Y MUCHO.... JAJA...

Ahora se me toca a mi darselo a diez blogs mas... Bueno aqui van:

* Carly Masen y Mar MC (otra vez) - (http://obsesion-twi-ficker.blogspot.com/)

sábado, 28 de mayo de 2011

Un poquito mas sobre mi.

Volví a tener ese sueño donde todo es distinto.
Donde mi da vueltas como un remolino.
No tengo idea de que es lo que está pasando.
Es como si mi mundo se va desintegrando.

El papel es mí aliado, la razón mi enemiga.
Yo no comprendo porque da tantas vueltas mi vida.
Y pregunto a los cielos porque es esta condena,
que cae sobre mí llenando mi alma de pena.

Cada gota de esperanza que había en mi corazón
se va apagando y ya no se escucha más esa hermosa canción.
No pude cree como todo ha cambiado
y como la inspiración de mi vida se ha esfumado.

Escondo mi temor tras hojas de papel.
Mi historia hoy se cuenta en tinta azul y negra.
Ojala fuese mi vida como una novela donde reina el amor.
Ojala fuese mi mundo distinto y dejase de llover.

Hecho por mi gran amiga Tanu... Gracias amiguis...Tkmmm.

lunes, 23 de mayo de 2011

No te metas con mis sueños...


Me dices que no soy lo suficiente buena para esto, pero no me importa tu opinión. Ya no. Respiro hondo, me seco las lágrimas que me hiciste derramar y me pongo en pie sin esfuerzo. Sin dedicarte ni un solo segundo más de mi vida, me enfrento a mis sueños por cumplir. No creo más en los consejos absurdos que susurrabas a mi oído con la sola intención de no verme progresar. Porque, ¿sabes qué? Hay millones de personas, allá afuera, que de una manera u otra esperan verme triunfar.
Así que, si yo quiero escribir, me sentare enfrente de mi computadora sin tener que escucharte decir que: es una pérdida de tiempo…y que nadie va a leer lo que yo escribo. Para que te enteres, no lo hago por la fama y la fortuna. Lo hago por mí, porque me gusta, y por aquellos que encuentren en mis cursis palabras, a las que tú llamas bobadas, el placer propio de leer algo escrito con el corazón.
Porque esto es lo que soy y esta es mi diminuta cooperación a el mundo. ¿Quién dice que yo no puedo hacer mis sueños una realidad?  ¿Tu? Pues siéntate y mírame...

Es algo que escribí anoche cuando estaba pensativa... Jaja... Espero que les guste... El dibujito me lo hizo mi super amiga Tania... Y me encanta...

domingo, 22 de mayo de 2011

Proyecto Antología del Club de las Escritoras 2

Oblivio (olvido)
Segunda Parte

Guido POV:

- ¡¡¡¡Noooo!!!! – saltó hacia atrás privándome del sabor de sus labios que estaba disfrutando. Se trepó a una rama y me miro temblorosa. – No te convengo. – me susurró al fin.
¿Qué no me convenía? ¿Qué diablos le pasaba? Ella era perfecta para mí, o al menos así lo creía yo. Era guapa, dulce, libre de pretensiones absurdas, pero con un buen carácter… Llevaba alrededor de dos meses mirándola, registrándola, admirándola… Le amaba…
- ¿Por qué? – le cuestioné repentinamente herido. ¿Y si yo no le gustaba? – Me gustas… desde hace bastante.
- No puedes quererme… - me confesó con la mirada desviada. – Yo… yo maté a tu hermana…
- Imposible… - le contradije de manera automática. – A Rebeca le mato un lobo. ¿Qué jamás oyes?
Intenté bromear, pero a ella no se le escapó ni una tímida sonrisa, solo otra lagrima furtiva en su rostro.
- Créeme… - me suplicó apremiante. Saltó sobre mí con grandiosa agilidad. Seguí su curso con la mirada y jadeé al ver como su cuerpo sufría una metamorfosis antes de tocar el suelo detrás de mí.
Erguida a mas de dos metros del suelo, una loba color chocolate mi miraba con extremo cuidado. Yo por mi parte estaba petrificado… Pude ver como Katia retrocedió cuando vio la cara de repulsión que se formo al atar los cabos… Ella era el animal que había acabado con la vida de Rebeca, mi dulce Rebeca de tal solo dieciséis años.
¿Por qué ella? La pregunta se repitió constantemente en los segundos en que ambos estuvimos en silencio mirándonos el uno al otro. De pronto, pude percibir como nuevos sentimientos remplazaban a la perplejidad: la aversión, la ira, el dolor… Todos ovillados en mi pecho, empujándose unos contra otro por prevalecer. Apreté la escopeta con indecisión en mis manos… Oí como Katia soltaba un gemido en su forma lobuna y salía corriendo perdiéndose de vista.
Me dio rabia, intente seguirle, pero me fue imposible alcanzarle. No podía huir por siempre. Volví corriendo hacia un árbol enorme que utilizaba como escondrijo y del hueco de su tronco saqué el arma pequeña, un cartucho de balas nuevas y la daga de mi hermana. Dejé la escopeta, era demasiado llamativa para donde pensaba ir. Buscaría a Katia en su casa.
Cuando estuve cerca de su casa camine con cuidado de no ser visto. Espié por la ventana de la sala, parecía estar vacía. Escale la pared con gran dificultad hasta estar sobre el techo, donde me tiré para esperarla. En algún momento tendría que cruzar esa puerta. Me quede vigilante con el arma bien aferrada a mi mano.
Luego de unas horas de ardua labor de espera, la vi venir. Era ella… en forma humana. Miraba hacia todos lados verificando que no estuviera yo, de seguro. Pero no se le ocurrió mirar hacia arriba. Era el momento perfecto para un ataque sorpresa, más mis brazos no respondían.
Me tranquilice convenciéndome que eso tenía que ver con que, más que venganza necesitaba una explicación, y que no era que yo estaba aún enamorado de la asesina de mi hermana. ¡No! Eso jamás. Yo necesitaba solamente saber el por qué… por qué la había matado… Por qué ella.
No dudé más, con agilidad muy impropia de mí, salté desde mi escondite y la tomé por la espalda sosteniendo la daga de Rebeca a escasos milímetros de la garganta de Katia. Ella se estremeció ante mi contacto. Podía percibir su miedo… y además su rendición. No podía creerlo. No forcejeaba… No intentaba librarse, ni herirme. Solo estaba quieta allí apretaba por mi brazo, como si ese simple gesto fuera capaz de detenerla. Con ligereza la volteé y la puse contra la pared hincándole la punta de la daga en sus costillas. Fijó sus ojos profundos en mí y la mano con la que sostenía la daga me tembló.
- ¿Por qué? – le susurré llenándome de convicción.
- No lo sé. – dijo eso en voz baja y desvió la mirada presa del remordimiento.
Con mi mano libre, la tomé de la barbilla, siendo más delicado de lo que pretendía, mas mi cuerpo parecía actuar a su modo estando tan cerca de Katia. La obligué a hacerme frente y cuando pude mirarle a los ojos chocolates, todo se volvió repentinamente oscuro.
Forcé la vista para intentar distinguir algo en la inmensa oscuridad, sin embargo no fue hasta que pasados unos minutos todo se fue haciendo claro a mí alrededor. Lo primero que pude ver me fue imposible de creer, parada a unos metros de mí estaba Rebeca, con su expresión de rabia pura que solía poner ante las injusticias.
Le observe fascinado, quise llamarle o acercarme, pero mi cuerpo no obedecía mis órdenes. De pronto el miedo me invadió por completo. Trate de localizar el foco de aquel miedo y me lleve una sorpresa cuando comprobé que era causado por Rebeca. ¿Cómo podía temerle a mi dulce hermana menor? ¿Acaso no habíamos sido siempre muy unidos a pesar de la diferencia de edad?
Rebeca dio un paso en mi dirección y un gruñido gutural surgió de algún lugar a mi lado. Solo fue en ese mismo instante en que me percate de que una enorme loba gris se hallaba plantada a mi lado mostrándole los colmillos a mi hermana, como si fuera una amenaza. Mi hermana tiro la cabeza hacia atrás y soltó una gran carcajada sin muestras de temerle a la loba.
Otro gruñido atravesó el aire, mas esta vez no provenía de la loba a mi lado, sino que se había escapado de mis labios. No lo comprendí. Rebeca me miró con odio y sin dejarme tiempo a meditar su reacción hacia mí, saltó hacia delante para atacarme. No me moví aunque sabía que me iba a dañar, me hallaba en un estado de perplejidad pura.
Igualmente, antes de que mi hermana acortara la distancia mucho mas, la loba gris se plantó delante de mí en pose protectora. Rebeca no se detuvo, al contrario avanzó aún más como si le diera lo mismo a quien iba a lastimar. La loba también apunto en dirección de Rebeca, pero más a la defensiva que a la ofensiva. Mi mis músculos se tensaron al ver que ambos cuerpos chocaban.
Podía ver la sonrisa de suficiencia de mi hermana al retirar la daga del pecho de la loba, que cayó al suelo moribunda. Me estremecí ante semejante acto sanguinario. La loba se desangraba a unos metros de mí y yo sentía, sin poder entenderlo del todo, que parte de mi vida se marchaba con esa criatura.
El animal comenzó a convulsionar. Quería acercarme a ella, aliviar su dolor, pero el miedo a Rebeca me mantenía en mi lugar. Mantenía la esperanza que la loba se levantara en algún momento dispuesta a seguir luchando. No sé por qué lo creía, pero en mi mente no se concebía la idea de que ella pudiese dejar de existir así nomas.
Mis esperanzas no fueron suficientes, la loba finalmente dejo de moverse exhalando su último aliento. Sentí como un dolor agudo me dañaba el alma, al ver como la loba cambiaba de forma hasta no ser más que el cuerpo sin vida de una mujer hermosa de cabello castaño oscuro.  La rabia me recorrió las venas, otorgándome un valor que no creía poseer.
Me preparé para pelear con la pelambra erizada. Posicioné las cuatro patas con agilidad y le mostré mis colmillos a mi hermana, que ahora resultaba ser mi enemiga. Olfateé el aire y arrugué el hocico ante el floral aroma de Rebeca. Ella sonrió, poniéndome a prueba.
No aguanté más, con un solo impulso dibujé un arco con mi cuerpo para caer sobre ella. Le mordí con ferocidad el cuello. Y disfruté al sentir como la piel cedía con facilidad bajo mis diente afilados. La sangre me cubrió la lengua, produciéndome un arranque de satisfacción.
Mi hermana no se dejo vencer, apretó con fuerza la daga que llevaba en la mano y elevándola me la clavo en la mejilla izquierda provocándome una herida profunda que me hizo aullar de dolor. “Maldita humana” pensé con bronca y de un tirón le arranqué la cabeza, terminando con su vida.
Abrí los ojos y me encontraba aún al lado de Katia, mirándole a la cara. Retrocedí tambaleante… y la daga se cayó de mi mano rebotando contra el suelo. Me sentía mal, débil. Las imágenes de Rebeca y de la loba gris, daban vueltas en mi cabeza confundiéndome.
Katia me observaba inexpresiva. ¿Qué había sucedido? Por algún motivo, que no tenía claro, supuse que ella había visto lo mismo que yo. Que había presenciado el… ¿qué era eso? ¿Un sueño? No. Era un recuerdo o al menos eso parecía ser. Pero, ¿de quién? ¿Mío? Imposible… Yo no habría matado a mi Rebeca, bajo ningún concepto. Entonces…
- ¿Qué fue? – pregunté temeroso. – Era un recuerdo, ¿cierto?
Ella asintió, mas no pudo decir más. Se desplomó sobre sus rodillas contra el suelo y comenzó a sollozar con tristeza. Me acerqué a ella. No podía verle así. Había olvidado mi razón de estar allí, había olvidado todo… Solo quería calmar su dolor. Me hinqué a su lado y le rocé su mejilla con mi mano. Levantó su cabeza y me miro incrédula.
- Era mi recuerdo… - confeso entre lagrimas que yo quería parar. – mi recuerdo de cuando maté a tu hermana…
- ¿Quién era ella? – comprendería todo el sentido de aquel recuerdo antes de juzgarle nuevamente.
- Ella… era mi madre.
- ¿Qué sucedió ese día? - Detuve mi mano en el aire. Ahora lo aquel recuerdo cobraba más sentido, pero necesitaba que Katia me lo contase.
- Habíamos ido a cazar, solo ella y yo. – se restregó los ojos y continuo. – Hasta recién no lo recordaba, pero ahora sí. Estábamos corriendo detrás de unos ciervos, cuando tu hermana nos vio. Mamá se removió nerviosa… Yo no sabía por qué, no supe que tu hermana portaba un arma hasta que la sacó… y mi madre se coloco enfrente de mí cuando ella quiso dañarme… Lo siguiente de lo que fui consiente fue del mi madre muerta; y del dolor que me invadía… No pude controlarme… Lo lamento…
Rompió en un llanto agudo, sin poder detenerse. No sabía cómo proseguir. Por un lado comprendía su dolor… pero por el otro comprendía el mío propio. ¿Qué hacer? Hasta hacia pocas horas pensaba que Katia era el amor de mi vida y luego la había odiado con toda mi alma, o con gran parte de ella al menos. Ahora… no lo sabía.
- Vete… - me dijo mientras intentaba ponerse en pie. – Aléjate de mí…
Ahora me odiaba… Y podía entenderlo, acababa de recordar que mi hermana había matado a su madre. ¿Por qué me querría cerca de ella? ¿Y por qué eso me dolía? Solo había un respuesta… aún le amaba, pero que mas daba si ella me aborrecía.
- Se que me odias… Vete… Te comprendo… - Katia volvía a hablarme caminando hacia la entrada de su casa. – Ya sabes todo… Dejame en paz… Ya he sufrido bastante como para que tú puedas hacerme más daño… Pero si quieres matarme, entonces hazlo de una vez…
Me miro desafiante, aunque estaba llena de dolor, logró recomponerse. Yo le devolví una mirada triste.
- Quisiera odiarte… - le dije y ella suspiro angustiada. –…pero no puedo. Por más que lo intente por miles de años no lo lograre… Porque a pesar de que el pasado duele, no fue mi culpa ni la tuya. Porque a pesar de todo te amo…
Abrió los ojos chocolates estupefacta. Se quedo en silencio pareciendo procesar de a poco mis palabras. Luego arrugo el entrecejo y yo no supe que significaba.
- Si no me quieres lo entiendo. – le dije con un lánguida sonrisa y dispuesto a marcharme ante su negativa.
Dio un paso al frente pero volvió hacia atrás extendiendo una mano, sin sabe que hacer o decir.
- Yo también te amo… - susurró dejando caer su mano y no lo pude creer del todo.
Di un paso hacia ella y esperé su respuesta. Ella sonrió débilmente. Yo de una zancada reste el espacio que había entre nosotros y la abrace con fuerzas. Katia me estrecho entre sus brazos también.
- Que el pasado sea olvidado. - le dije al oído y ella afirmó mi frase posando sus labios sobre los míos con una dulzura total.
No importaba nada de lo que hubiéramos hecho nosotros ni nuestras familias, solo importábamos nosotros dos. Ella y yo… y lo que sentíamos el uno por el otro. Un sentimiento, que ni el más profundo rencor podría separar jamás. O eso creía yo….

Bueno aquí les dejo la segunda y ultima parte... Espero que lo disfruten....
Besitos.... Dejen comentarios...

sábado, 21 de mayo de 2011

Poyecto Antología del Club de las Escritoras

Oblivio (olvido)
Primera Parte

Katia POV:

Me preparé para pelear con la pelambra erizada. Posicioné las cuatro patas con agilidad y le mostré mis colmillos a mi enemiga. Olfateé el aire y arrugué el hocico ante el floral aroma de la joven. Ella sonrió, poniéndome a prueba.
No aguanté más, con un solo impulso dibujé un arco con mi cuerpo para caer sobre ella. Le mordí con ferocidad el cuello. Y disfruté al sentir como la piel cedía con facilidad bajo mis diente afilados. La sangre me cubrió la lengua, produciéndome un arranque de satisfacción.
La víctima no se dejo vencer, apretó con fuerza la daga que llevaba en la mano y elevándola me la clavo en la mejilla izquierda provocándome una herida profunda que me hizo aullar de dolor. “Maldita humana” pensé con bronca y de un tirón le arranqué la cabeza, terminando con su vida.
Me desperté transpirando, ese sueño siempre me dejaba temblando. Aunque era más que un sueño, era un recuerdo… Un recuerdo que trataba de borrar a la fuerza pero que siempre volvía a través de mi inconsciente. Instintivamente me toqué la cicatriz en la mejilla, recorriéndola con los dedos hasta donde terminaba junto con la mandíbula.
Sacudí la cabeza y me puse en pie. Miré el reloj, eran las cuatro de la mañana, mas sabía que nada podría hacer para volverme a dormir. Así que me coloqué un pantalón de buzo, una musculosa y calzándome un par de zapatillas deportivas me dirigí a la cocina.
- Hola, cariño… - mi padre estaba comiendo un trozo de torta sentado a la mesa.
- Hola, papá… No puedo dormir. – le explique aunque tal vez ya lo sabía. – Saldré a caminar y luego iré al trabajo.
- Ningún problema… Mantente alerta. – me saludo con el tenedor con el que comía y yo salí por la puerta de casa.
La mañana estaba heladísima de seguro, pues estábamos en pleno invierno, pero yo no sentía ni pisca de frío. Mi cabello chocolate me llegaba a la cintura y combinado con mí gran contextura física me daba un aspecto salvaje. Mejor ni hablar de lo que decía de mí mi cicatriz.
Caminé relajada por ahí, mientras aún pensaba en el recuerdo. Un recuerdo que llevaba más de seis meses atormentándome. Me metí en el bosque, quería estar sola. Corrí intentando dejar todo detrás, me trepe a un árbol y me senté en una rama gruesa a unos quince metros del suelo. Apoyé mi cabeza en el tronco suspirando.
- ¿Qué haces allí arriba? – un joven de unos veinte años y cabello rubio me miraba extrañado desde abajo.
No contesté, solo me dediqué a mirarle. Me parecía tan conocido… Tenías los ojos verdes, los podía ver aún desde tan lejos gracias a mi agudizada vista. Era grande de cuerpo pero no tenía muchos músculos y empuñaba con fuerza una escopeta.
- ¿Qué haces allí arriba? – volvió a repetir la pregunta, el tono de su voz era cauteloso y osco a la vez.
- Nada… solo disfrutaba del follaje. – le dije y él me miró como si estuviese loca.
- ¿No sabes que hay lobos hambrientos por aquí? – sonaba crispado y yo no tenía idea de por qué. – No deberías rondar por los bosques, menos a estas horas.
Puse los ojos en blanco y sonreí, si el supiese lo difícil que era que un simple lobo me lastimase. Igualmente baje de la rama como lo hubiera hecho cualquier chica habilidosa para trepar, pero sin desplegar demasiado mis habilidades inhumanas. Cuando llegue a su lado, noté lo alto que era, me llevaba por lo menos una cabeza y eso que yo era bastante alta para mi edad, veinte años, al igual que él.
- Vamos, que te acompaño a casa. – me señalo el camino por el cual había llegado yo hacia algunos minutos.
- No necesito tu ayuda. – le espeté algo molesta por su falta de cortesía. Comencé a caminar en dirección opuesta a la que él que quería que siguiera.
- Niña estúpida… - gruñó mientras me seguía. – Vas terminar haciendo que te maten…
Apreté los puños cuando oí su insulto. ¿Quién se creía que era? Con una sola mano podría hacerlo polvo. Frené y me puse cara a cara con él.
- ¿Cuál es tu nombre? – le cuestioné mientras respiraba hondo para no sacarme.
- ¡Que te importa! – me gritó y yo solté un siseo furioso que pareció asustarlo. – Vale, cálmate. Soy Guido Soria.
- Pues bien…Guido, quítate de mi camino… - me volví hacia donde estaba caminado, pero Guido me tomo del hombro con una mano para detenerme. – Suéltame.
- No. – terció sin soltarme. – Te volverás a tu casa.
- ¿Es una orden? – pregunte jocosa, no podía evitar que a pesar de lo irritante de la situación su altanería me diera mucha gracia.
Asintió y acomodó su arma amenazadoramente, como haría un padre para que su hijo obedeciera. Levante las cejas sorprendida de su valentía, otro humano a esta altura ya hubiese percibido el peligro que destilaba yo y se hubiese ido. Pero no, Guido permanecía allí con su melena rubia alborotada por el viento frío.
- Ok. – dije para mí misma. - ¿Qué haces tú en el bosque a las cinco de la mañana?
Abrió los ojos dudando si responder o no. Removió las hojas de suelo con el pie sin mirarme a la cara.
- ¿Pensás cazar algo con eso? – apunté la escopeta despectivamente con un dedo.
- ¿Qué más te da si es así? – levanto la barbilla dejándome mirando su cuello. – Ahora deberías irte de acá.
Otra vez a lo mismo, que insistente. ¿Qué jamás se rendiría? Me cruce de brazos poniéndome en contra de él.
- Dame una buena razón para eso. – le pedí y arrugó le entrecejo.
- ¿No son suficiente los lobos?
- No les temo. – no sé por qué le decía la verdad a él.
- Ya te he dicho que pueden matarte… ¿me has oído? – bufó cuando me encogí de hombros solo para enojarlo. – Ya han matado a alguien.
- ¿A si? – me mostré incrédula ante su afirmación, un poco para estar en contra y otro porque no lo sabía.
- Uno… y te estoy diciendo uno, no una manada… mató a mi hermana el verano pasado. – confesó compungido por el dolor de la perdida.
Me quedé pasmada. ¿Había dicho el verano anterior o mis oídos siempre agudos me jugaban una mala pasada?
- Lo siento. – me disculpe por cortesía  y para saber más. – ¿En qué mes fue eso?
- El segundo viernes de febrero… - especifico extrañado por mi repentino cambio de humor.
En cuanto lo oí mi cabeza empezó a dar vueltas, sentí nauseas. Sin poder contenerme me acerque al árbol al cual me había subido y vomité a un costado. Guido corrió hacia mí y me quitó los pelos de la cara con cuidado. Rehuí a su contacto. Si se enterara de quien era no se acercaría jamás. Nunca más.
- Tú eres Katia Marino ¿verdad? – me volvió a sorprender. Asentí y el sonrió por primera vez dándole a su rostro un belleza única.
- ¿Cómo lo sabes? – pregunte hipnotizada por su sonrisa. ¿Por qué el destino me puso adelante a la persona equivocada?
- Trabajamos juntos desde la semana pasada. – respondió  Guido y me puso una mano en la frente. - ¿Te encuentras bien?
- No… - dije y era la verdad pura. Le miraba y no podía creerlo. Cada vez iba encontrándole más parecido con la joven de mi recuerdo: los mismos ojos desafiante… el mismo cabello… su sonrisa irónica… Cada parte de él me atraía y repelía a la vez.
- Lamento haber sido tan rudo contigo. – se disculpó siendo sincero y una estaca de culpa se clavó en mi corazón.
Ese recuerdo me perseguía y me torturaba. Ahora con Guido en frente estaba a punto de matarme. Me tapé el rostro con mis manos para ocultar las lágrimas que brotaron de mis ojos.
- Ya, ya… Por favor, no llores… - intentó acercarse y yo retrocedí.  – No era para tanto… No quise asustarte… Solo pretendía que volvieras a casa segura… No me gustaría nada que te pasara lo mismo que a mi hermana…
Descubrí mis ojos y le vi morderse le labio inferior, preocupado por mi reacción ante sus palabras. Me sentí confundida, mi cuerpo anhelaba un contacto suyo, pero a la vez ese contacto me producía asco. Asco de mí, de permitirme congeniar con él, de mentirle, de ocultarle los hechos. Era un monstruo y no me lo perdonaba.
Cerré los ojos con furia para conmigo misma. No sentí sus pasos ni sus movimientos, no hasta que estuvo rozándome la cicatriz de la mejilla con su suave mano. Levanté los parpados sobresaltada. Su rostro estaba demasiado cerca… Mi mente se debatía entre el agrado y la culpa… Entre la necesidad irracional de tenerlo a él y el saber que no era lo correcto. Pero finalmente, Guido no me dejo pensarlo más, posó sus labios con los míos entregándome su dulce aliento como un regalo no merecido.
- ¡¡¡¡Noooo!!!! - Salté hacia atrás con velocidad y me trepé a la primera rama que estuvo a mi alcance y no se rompió con mi peso.
Mi cuerpo sufrió una convulsión por la repentina separación y él me observo herido. No sabía que me lastimaba más, la culpa o su aflicción ante mi rechazo. Necesitaba darle una explicación, necesitaba que me odiara aunque no lo soportara yo.
- No te convengo. – le susurré muy despacito como esperando que no oyera nada de lo que decía.
- ¿Por qué? – levantó los hombros sin entenderme. – Me gustas… desde hace bastante.
- No puedes quererme… - le confesé alucinada por su declaración. – Yo… yo maté a tu hermana….

Les presento la primera parte del relato corto sobre hombreslobo para El Club de las Escritoras... Es la primera vez que escribo sobre este tipo de criaturas... Espero que les guste y mañana a la noche tendrán la segunda y ultima parte aquí...

martes, 17 de mayo de 2011

Premios!!!!! Llevenselos...

Primero debo agradecer a Dulce Cautiva por dejarme tomar el premio… Se lo volvería a regalar… jaja



1- Decir en qué nos inspiramos para hacer una entrada:
Me inspiro en lo que escribo o siento…. Me gusta que los demás me conozcan mejor

2- Describirte con cuatro palabras:

 Terca, orgullosa, soñadora y… tímida
 
3- Decir tu frase favorita: 

“Que mas da lo que digan los demás si tu eres feliz”

4- Pasarlo a los blogs más adorables: 
Bueno principalmente por no saber a quien elegir…. Que se lo lleven todas mis seguidoras que tengan blog… Pues les agradezco todo le poyo…
Esto va especialmente para:
 Tanu… Mi super amiga…
Nesbell…. Otra amiga un poquito mas lejana
Y bueno todo aquel que lo quiera….

lunes, 2 de mayo de 2011

Un dulce recuerdo. Capitulo Primero: Cita a ciegas


- ¡Que estúpida idea! – dijo Sonia mientras estacionaba con perfección el Siena de su madre frente al colegio. – No creo que nadie pueda divertirse esta noche.
A pesar de no estar de acuerdo con ello, Araceli asintió como apoyándola. A diferencia de su amiga ella creía que el tema del baile del día del estudiante, era bueno. No había nada más excitante que las citas a ciegas y sabía que Sonia solo lo criticaba porque no podría estar con su novio.
Bajaron del coche con tranquilidad. Sonia puso la alarma y se acomodó su disfraz. Su cuerpo estaba bien distribuido  en un sexy vestido rojo con puntos blancos. Tacones negros, guantes blancos y unas orejas de ratón, completaban el vestuario de un Minie muy sensual.
- ¡Mamita! – la voz provenía de una Hilux estacionada un poco más atrás.
- Cuidadito con a quien le decís eso, Alan. – Sonia sonreía de oreja a oreja a un chico menudo disfrazado del Zorro.
- Mmmm... Se lo estoy diciendo a la persona indicada. – se defendió Alan risueño. Tomó a Araceli de la cintura y la acerco a sí mismo para besarle la mejilla. – Eres la Julieta más bonita que vi... – Sonia frunció el ceño teatralmente y Alan, rápido, cambió la cintura de Araceli por la de ella. – Pero nada se compara con mi novia.  – terminó por decir besando a Sonia.
Los tres juntos caminaron hacia el gimnasio del colegio, que oficiaría como salón de baile. El interior estaba decorado como una discoteca: luces, barras de tragos, esfera de cristal y la música a todo volumen... Sonia llego a la entrada del salón parloteando sobre lo mucho que le había costado conseguir que su madre le dejar comprar ese disfraz.
Araceli sonrió al oírla, su amiga solía abusar de la tarjeta de crédito de sus padres, por ello siempre la ponían fuera de su alcance, como si se tratase de un niña de tres años que quiere jugar con tijeras. Sonia solía decir que no veía el día en que tendría una propia.
En la puerta les esperaba un de los muchos padres organizadores, que les entrego una cinta con un número a cada uno para que se la pusieran en el brazo. Las había para chicas y para varones, de manera que al coincidir los números se armasen las parejas.
Luego de obtener la propia, Sonia comenzó a buscar con la vista a aquel que sería su pareja. De repente vio que Alan conversaba muy animadamente con Jesica, que vestía de ángel con un escote seductor. Ambos números, el de Jesica y el de Alan, coincidían. Como Jesica se había colgado de Alan y le hablaba al oído. Sonia tomo a Araceli de la muñeca y la arrastro en aquella dirección.
- Jes... – Sonia casi escupió el nombre al pronunciarlo. - ¿No me cambiarias la cinta?
La rubia Jesica la miro con arrogancia antes de contestar.
- ¿Por qué habría de hacerlo?
- ¿Por qué? – pregunto Sonia irónicamente, y Araceli percibió como la rabia bullía dentro de ella. – Yo te voy a decir el por qué... Porque si te quedas un minuto más cerca de mi novio te desplumo las alas pajarraco.
Jesica bufó, pero le entregó la cinta resignada, no sin antes fulminarla con la mirada. Pasando junto a Araceli para marcharse le sonrió. Sonia podía ser muy femenina, pero no había nada que le impidiera disfrutar del boxeo y, Jesica y la mayoría de las otras chicas que no le conocían bien, temían terminar con un ojo morado por su culpa.
Araceli fijo su vista en la entrada, mientras sus amigos se ponían a bailar apretaditos uno contra el otro al ritmo de la movida música. Una suave mano le rozo el hombro y al voltearse se encontró con un joven vestido con una camisa sin botones y unas calzas ajustadas al estilo de la Romo de la Edad Media.
- Creo que he encontrado a mi Julieta. – dijo el joven tomándole la mano y posando sus labios en ella.
Sonreía de tal forma que a Araceli sintió que le faltaba el aire. Siguiendo con el juego ella le hizo una reverencia.
- ¿Se podría saber el nombre de este Romeo que tengo ante mis ojos? – Araceli también sonreía.
- Iñaki... – respondió él y puso el brazo en jarra par que ella se tomase de ahí. - ¿Y tú damisela?
- Soy Araceli, pero dime Ara... – miró el brazo del cual se estaba tomando y pudo comprobar que el número era el mismo que el suyo. - ¿Vienes a este colegio? Digo, jamás te había visto...
- No seas boba, Ara. – su carcajada flotó por el aire con elegancia. – Pero si voy a la misma clase que vos...
Ara se le quedó mirando pasmada y con la boca entreabierta. ¿A su curso? ¿Cómo era que no lo recordaba?
- Iñaki, le ñoqui... – dijo él con una amarga sonrisa. – Tomo mundo me conoce así.
- ¡Ah! Sí. Eres a quien siempre molestan Matías y Guillermo, ¿verdad?
- Aja... – asintió con desgana mientras se dirigían al patio del colegio donde solo llegaba la música muy amortiguada y se podía conversar con tranquilidad.
- Perdón... – se disculpó Ara tras unos minutos de incomodo silencio. – No pretendía decir eso... Solo que eres tan calladito que...bueno...
- Si, lo sé. Nadie se fija en mí. Menos que meno vos. La bella Araceli, que a pesar de no ser rubia, lo cual no significa que eso este mal ni que las rubias sean mejores...sino que...todo mundo te sigue y eres la reina del 5° año... – Iñaki suspiró y luego sonrió.
 Araceli no tenía idea de que la gente la viera de esa manera. A ella le gustaba dar su opinión en todo, pero jamás creyó que las cosas se hicieran como le agradaban porque ella lo quisiese así. Creía que al votar todos veían que lo coherente de sus ideas y no su belleza o su popularidad.
- ¿Así me ve?... Tal vez es solo tu idea... – sugirió ella intentando a su vez convencerse a sí misma que tenía razón.
- No me equivoco. – negó Iñaki. – Sino mira a Jesica como accedió rápidamente a cambiar las cintas, ¿eh?
- Eso fue porque Sonia va a boxeo y no quiere enojarla... – se sentía satisfecha de su remate.
- Y Jes, viene a karate conmigo desde que somos chicos... No creo que le tenga miedo. Te teme a ti y a tu influencia sobre los demás. – torció la boca en un gesto que hubiese hecho reír a Ara si fueran otras las circunstancias. – Es más, eres tan grande que ya tienes una sucesora...
- ¿Y ahora de que miércoles hablas? – la conversación comenzaba a irritarla.
- Devora, la que va a tercero y se pone esos aros coloridos.
- Mi hermana... ¿qué hay con ella?
- Ella es tu sucesora. Tiene a los más chicos  siguiendo sus pasos y a los más grande los mantiene a raya...
- No creo que sea tan así... – determinó rabiosa. - ¿Y cómo es que tenés tanta información de mí?
- No, es que...bueno, me confieso: soy tu fan. – dijo risueño y en tono en broma. – Es más tengo un poster tuyo en la pared de mi habitación.
Araceli se mordió la lengua para no decir nada de lo que se pudiera arrepentirse. Aprovecho que Iñaki la había soltado para reír y se dio media vuelta con la intención de volver al gimnasio, donde la música la protegería del filo de esas palabras que solo él se había animado a decirle.
- No, Ara... No te vayas... – Iñaki la tomo de la muñeca para retenerla allí mismo. Ella intento zafarse pero no pudo. Cuando ella hubo dejado de luchar, la tomo de los hombros par a darla vuelta, así sus rostros quedaran enfrentados. Pero Araceli aparto el suyo pueril. – Ay, por favor... Ara, perdón... No quise ofenderte. Es que...arg...soy tan estúpido... Ojala algún día aprenda a cerrar mi bocaza.
Él la había soltado y  ella no pudo evitar levantar la vista por la curiosidad que le causaba su cambio en el tono de voz. De pronto parecía angustiado, y las ganas de bromear se le habían ido. Ahí estaba él, con una mano en su cabello oscuro y mirándola con sus ojos verdes.
- Ya. – Araceli se acercó a él y le tomo la mano. – Vamos a bailar.
Iñaki asintió y juntos fueron para el gimnasio. Ella se movía con gracilidad y su baile era muy sensual a pesar de estar ataviada con un vestido que llegaba al suelo.
Hubo un momento en que la música cambio de un rápido reggaetón a un clásico lento. Por lo que prendido de un arranque de valentía, él la asió por la cintura arrimándola a su cuerpo. Así comenzó a mecerse torpemente y Araceli se unió a él con a alegría posando sus mano alrededor del cuello de él.
- Todos no miran... – murmuro Iñaki al oído de Ara al ver que sus compañeros dejaban de bailar y los observaban. - ¿Qué hacemos?
Ara lo miro a los ojos. Él estaba preocupado por ella y por lo que los otros pudieran pensar de ello. Se aferró más a él y acerco su rostro hasta que sus narices se tocaron.
- Pues démosle algo que de verdad puedan mirar.
Se puso de puntitas y alcanzó los labios de él. Iñaki estuvo helado por unos segundos pero enseguida respondió al beso con verdadero entusiasmo.

Como lo dije aca esta el regalo para mis diez seguidoras.....
Espero que disfruten de leerlo como yo en hacerlo....
Besitos
Lulai.

Ayyyyy!!!!! Diez seguidores!!!!!

Bueno chiquis se que no son una barbaridad pero en verdad me emociono cada vez que veo aumentar el contador de seguidores. Y llegar a un número tan redondito ME FASCINA....
Estoy feliz!!!!!
Les agradezco a todas desde mi primera seguidora, Nesbell, hasta la última que se ha unido, Gixiie... En serio se lo agradezco de todo corazón... Y como regalito especial les publicare el primer capi de mi mini-novela "Un dulce recuerdo"
Para ustedes porque LAS QUIERO...

Lulaii!!!