domingo, 22 de mayo de 2011

Proyecto Antología del Club de las Escritoras 2

Oblivio (olvido)
Segunda Parte

Guido POV:

- ¡¡¡¡Noooo!!!! – saltó hacia atrás privándome del sabor de sus labios que estaba disfrutando. Se trepó a una rama y me miro temblorosa. – No te convengo. – me susurró al fin.
¿Qué no me convenía? ¿Qué diablos le pasaba? Ella era perfecta para mí, o al menos así lo creía yo. Era guapa, dulce, libre de pretensiones absurdas, pero con un buen carácter… Llevaba alrededor de dos meses mirándola, registrándola, admirándola… Le amaba…
- ¿Por qué? – le cuestioné repentinamente herido. ¿Y si yo no le gustaba? – Me gustas… desde hace bastante.
- No puedes quererme… - me confesó con la mirada desviada. – Yo… yo maté a tu hermana…
- Imposible… - le contradije de manera automática. – A Rebeca le mato un lobo. ¿Qué jamás oyes?
Intenté bromear, pero a ella no se le escapó ni una tímida sonrisa, solo otra lagrima furtiva en su rostro.
- Créeme… - me suplicó apremiante. Saltó sobre mí con grandiosa agilidad. Seguí su curso con la mirada y jadeé al ver como su cuerpo sufría una metamorfosis antes de tocar el suelo detrás de mí.
Erguida a mas de dos metros del suelo, una loba color chocolate mi miraba con extremo cuidado. Yo por mi parte estaba petrificado… Pude ver como Katia retrocedió cuando vio la cara de repulsión que se formo al atar los cabos… Ella era el animal que había acabado con la vida de Rebeca, mi dulce Rebeca de tal solo dieciséis años.
¿Por qué ella? La pregunta se repitió constantemente en los segundos en que ambos estuvimos en silencio mirándonos el uno al otro. De pronto, pude percibir como nuevos sentimientos remplazaban a la perplejidad: la aversión, la ira, el dolor… Todos ovillados en mi pecho, empujándose unos contra otro por prevalecer. Apreté la escopeta con indecisión en mis manos… Oí como Katia soltaba un gemido en su forma lobuna y salía corriendo perdiéndose de vista.
Me dio rabia, intente seguirle, pero me fue imposible alcanzarle. No podía huir por siempre. Volví corriendo hacia un árbol enorme que utilizaba como escondrijo y del hueco de su tronco saqué el arma pequeña, un cartucho de balas nuevas y la daga de mi hermana. Dejé la escopeta, era demasiado llamativa para donde pensaba ir. Buscaría a Katia en su casa.
Cuando estuve cerca de su casa camine con cuidado de no ser visto. Espié por la ventana de la sala, parecía estar vacía. Escale la pared con gran dificultad hasta estar sobre el techo, donde me tiré para esperarla. En algún momento tendría que cruzar esa puerta. Me quede vigilante con el arma bien aferrada a mi mano.
Luego de unas horas de ardua labor de espera, la vi venir. Era ella… en forma humana. Miraba hacia todos lados verificando que no estuviera yo, de seguro. Pero no se le ocurrió mirar hacia arriba. Era el momento perfecto para un ataque sorpresa, más mis brazos no respondían.
Me tranquilice convenciéndome que eso tenía que ver con que, más que venganza necesitaba una explicación, y que no era que yo estaba aún enamorado de la asesina de mi hermana. ¡No! Eso jamás. Yo necesitaba solamente saber el por qué… por qué la había matado… Por qué ella.
No dudé más, con agilidad muy impropia de mí, salté desde mi escondite y la tomé por la espalda sosteniendo la daga de Rebeca a escasos milímetros de la garganta de Katia. Ella se estremeció ante mi contacto. Podía percibir su miedo… y además su rendición. No podía creerlo. No forcejeaba… No intentaba librarse, ni herirme. Solo estaba quieta allí apretaba por mi brazo, como si ese simple gesto fuera capaz de detenerla. Con ligereza la volteé y la puse contra la pared hincándole la punta de la daga en sus costillas. Fijó sus ojos profundos en mí y la mano con la que sostenía la daga me tembló.
- ¿Por qué? – le susurré llenándome de convicción.
- No lo sé. – dijo eso en voz baja y desvió la mirada presa del remordimiento.
Con mi mano libre, la tomé de la barbilla, siendo más delicado de lo que pretendía, mas mi cuerpo parecía actuar a su modo estando tan cerca de Katia. La obligué a hacerme frente y cuando pude mirarle a los ojos chocolates, todo se volvió repentinamente oscuro.
Forcé la vista para intentar distinguir algo en la inmensa oscuridad, sin embargo no fue hasta que pasados unos minutos todo se fue haciendo claro a mí alrededor. Lo primero que pude ver me fue imposible de creer, parada a unos metros de mí estaba Rebeca, con su expresión de rabia pura que solía poner ante las injusticias.
Le observe fascinado, quise llamarle o acercarme, pero mi cuerpo no obedecía mis órdenes. De pronto el miedo me invadió por completo. Trate de localizar el foco de aquel miedo y me lleve una sorpresa cuando comprobé que era causado por Rebeca. ¿Cómo podía temerle a mi dulce hermana menor? ¿Acaso no habíamos sido siempre muy unidos a pesar de la diferencia de edad?
Rebeca dio un paso en mi dirección y un gruñido gutural surgió de algún lugar a mi lado. Solo fue en ese mismo instante en que me percate de que una enorme loba gris se hallaba plantada a mi lado mostrándole los colmillos a mi hermana, como si fuera una amenaza. Mi hermana tiro la cabeza hacia atrás y soltó una gran carcajada sin muestras de temerle a la loba.
Otro gruñido atravesó el aire, mas esta vez no provenía de la loba a mi lado, sino que se había escapado de mis labios. No lo comprendí. Rebeca me miró con odio y sin dejarme tiempo a meditar su reacción hacia mí, saltó hacia delante para atacarme. No me moví aunque sabía que me iba a dañar, me hallaba en un estado de perplejidad pura.
Igualmente, antes de que mi hermana acortara la distancia mucho mas, la loba gris se plantó delante de mí en pose protectora. Rebeca no se detuvo, al contrario avanzó aún más como si le diera lo mismo a quien iba a lastimar. La loba también apunto en dirección de Rebeca, pero más a la defensiva que a la ofensiva. Mi mis músculos se tensaron al ver que ambos cuerpos chocaban.
Podía ver la sonrisa de suficiencia de mi hermana al retirar la daga del pecho de la loba, que cayó al suelo moribunda. Me estremecí ante semejante acto sanguinario. La loba se desangraba a unos metros de mí y yo sentía, sin poder entenderlo del todo, que parte de mi vida se marchaba con esa criatura.
El animal comenzó a convulsionar. Quería acercarme a ella, aliviar su dolor, pero el miedo a Rebeca me mantenía en mi lugar. Mantenía la esperanza que la loba se levantara en algún momento dispuesta a seguir luchando. No sé por qué lo creía, pero en mi mente no se concebía la idea de que ella pudiese dejar de existir así nomas.
Mis esperanzas no fueron suficientes, la loba finalmente dejo de moverse exhalando su último aliento. Sentí como un dolor agudo me dañaba el alma, al ver como la loba cambiaba de forma hasta no ser más que el cuerpo sin vida de una mujer hermosa de cabello castaño oscuro.  La rabia me recorrió las venas, otorgándome un valor que no creía poseer.
Me preparé para pelear con la pelambra erizada. Posicioné las cuatro patas con agilidad y le mostré mis colmillos a mi hermana, que ahora resultaba ser mi enemiga. Olfateé el aire y arrugué el hocico ante el floral aroma de Rebeca. Ella sonrió, poniéndome a prueba.
No aguanté más, con un solo impulso dibujé un arco con mi cuerpo para caer sobre ella. Le mordí con ferocidad el cuello. Y disfruté al sentir como la piel cedía con facilidad bajo mis diente afilados. La sangre me cubrió la lengua, produciéndome un arranque de satisfacción.
Mi hermana no se dejo vencer, apretó con fuerza la daga que llevaba en la mano y elevándola me la clavo en la mejilla izquierda provocándome una herida profunda que me hizo aullar de dolor. “Maldita humana” pensé con bronca y de un tirón le arranqué la cabeza, terminando con su vida.
Abrí los ojos y me encontraba aún al lado de Katia, mirándole a la cara. Retrocedí tambaleante… y la daga se cayó de mi mano rebotando contra el suelo. Me sentía mal, débil. Las imágenes de Rebeca y de la loba gris, daban vueltas en mi cabeza confundiéndome.
Katia me observaba inexpresiva. ¿Qué había sucedido? Por algún motivo, que no tenía claro, supuse que ella había visto lo mismo que yo. Que había presenciado el… ¿qué era eso? ¿Un sueño? No. Era un recuerdo o al menos eso parecía ser. Pero, ¿de quién? ¿Mío? Imposible… Yo no habría matado a mi Rebeca, bajo ningún concepto. Entonces…
- ¿Qué fue? – pregunté temeroso. – Era un recuerdo, ¿cierto?
Ella asintió, mas no pudo decir más. Se desplomó sobre sus rodillas contra el suelo y comenzó a sollozar con tristeza. Me acerqué a ella. No podía verle así. Había olvidado mi razón de estar allí, había olvidado todo… Solo quería calmar su dolor. Me hinqué a su lado y le rocé su mejilla con mi mano. Levantó su cabeza y me miro incrédula.
- Era mi recuerdo… - confeso entre lagrimas que yo quería parar. – mi recuerdo de cuando maté a tu hermana…
- ¿Quién era ella? – comprendería todo el sentido de aquel recuerdo antes de juzgarle nuevamente.
- Ella… era mi madre.
- ¿Qué sucedió ese día? - Detuve mi mano en el aire. Ahora lo aquel recuerdo cobraba más sentido, pero necesitaba que Katia me lo contase.
- Habíamos ido a cazar, solo ella y yo. – se restregó los ojos y continuo. – Hasta recién no lo recordaba, pero ahora sí. Estábamos corriendo detrás de unos ciervos, cuando tu hermana nos vio. Mamá se removió nerviosa… Yo no sabía por qué, no supe que tu hermana portaba un arma hasta que la sacó… y mi madre se coloco enfrente de mí cuando ella quiso dañarme… Lo siguiente de lo que fui consiente fue del mi madre muerta; y del dolor que me invadía… No pude controlarme… Lo lamento…
Rompió en un llanto agudo, sin poder detenerse. No sabía cómo proseguir. Por un lado comprendía su dolor… pero por el otro comprendía el mío propio. ¿Qué hacer? Hasta hacia pocas horas pensaba que Katia era el amor de mi vida y luego la había odiado con toda mi alma, o con gran parte de ella al menos. Ahora… no lo sabía.
- Vete… - me dijo mientras intentaba ponerse en pie. – Aléjate de mí…
Ahora me odiaba… Y podía entenderlo, acababa de recordar que mi hermana había matado a su madre. ¿Por qué me querría cerca de ella? ¿Y por qué eso me dolía? Solo había un respuesta… aún le amaba, pero que mas daba si ella me aborrecía.
- Se que me odias… Vete… Te comprendo… - Katia volvía a hablarme caminando hacia la entrada de su casa. – Ya sabes todo… Dejame en paz… Ya he sufrido bastante como para que tú puedas hacerme más daño… Pero si quieres matarme, entonces hazlo de una vez…
Me miro desafiante, aunque estaba llena de dolor, logró recomponerse. Yo le devolví una mirada triste.
- Quisiera odiarte… - le dije y ella suspiro angustiada. –…pero no puedo. Por más que lo intente por miles de años no lo lograre… Porque a pesar de que el pasado duele, no fue mi culpa ni la tuya. Porque a pesar de todo te amo…
Abrió los ojos chocolates estupefacta. Se quedo en silencio pareciendo procesar de a poco mis palabras. Luego arrugo el entrecejo y yo no supe que significaba.
- Si no me quieres lo entiendo. – le dije con un lánguida sonrisa y dispuesto a marcharme ante su negativa.
Dio un paso al frente pero volvió hacia atrás extendiendo una mano, sin sabe que hacer o decir.
- Yo también te amo… - susurró dejando caer su mano y no lo pude creer del todo.
Di un paso hacia ella y esperé su respuesta. Ella sonrió débilmente. Yo de una zancada reste el espacio que había entre nosotros y la abrace con fuerzas. Katia me estrecho entre sus brazos también.
- Que el pasado sea olvidado. - le dije al oído y ella afirmó mi frase posando sus labios sobre los míos con una dulzura total.
No importaba nada de lo que hubiéramos hecho nosotros ni nuestras familias, solo importábamos nosotros dos. Ella y yo… y lo que sentíamos el uno por el otro. Un sentimiento, que ni el más profundo rencor podría separar jamás. O eso creía yo….

Bueno aquí les dejo la segunda y ultima parte... Espero que lo disfruten....
Besitos.... Dejen comentarios...

2 comentarios:

  1. Vaya!, menudo final!, no m esperaba para nada k el xico pudiera ver lo k realmente habia pasado... Y como pudo su hermana ser tan maligna?. Menos mal k han sabido aparcar el rencor a un lado y olvidarlo todo... Me ha gustado muxo, mañana lo incluire con los otros, xao!!!.

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  2. Hola, Lulai!! No leí, el relato me di cuenta que si leo todo ahora cuando lo tengamos terminado el proyecto no voy atener nada nuevo para leer!! Pero ya he leído otro de tus escritos y estoy segura de que debe estar bueno! En realidad pasaba para decirte que tengo un premio para ti en mi blog:
    http://susurrosenlaoscuridad25.blogspot.com/2011/05/sigue-la-cadena.html

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