domingo, 26 de junio de 2011

Un dulce recuerdo. Capítulo Segundo: Mala idea

Las vacaciones de verano ya habían comenzado y Araceli se sentía plena. Devora, su hermana, aun estaba renegando con alguna que otra materia, pero ella ya estaba graduada y no volvería al colegio.
- ¡Ara, te buscan! – su madre gritó asomando la cabeza por el pasillo que conducía a las habitaciones.
Ara sonrió y se miró un minuto ante el espejo. Se hallaba conforme de su vestimenta, aunque hubiera preferido dejarse el cabello suelto. Pero este hoy había decidido inflarse por completo, no dejándole más remedio que recogérselo en un rodete.  Se terminó de acomodar el peinado enrulando un mechón que le caía a un lado del rostro.
Tomó el bolso que había preparado con esmero la noche anterior, los lentes de sol y se dirigió a donde su madre. Iñaki la esperaba en la entrada del lado de afuera mientras su mamá le hablaba apoyada de modo casual en el marco de la puerta.
- Vamos, Iñaki. – dijo ella esquivando a su madre con agilidad. – Adiós, mamá.
- ¿Por qué el apuro? – le preguntó él cuando cruzaban a verja de la casa para subirse al Fiat de Iñaki que les esperaba estacionado al borde de la calle.
- Si te dejaba un minuto más con mi mamá segurito que a esta altura ya te hubiera averiguado la vida entera o pero salía mi viejo y se armaba… No le justo nada mi idea de irme de vacaciones. Mira que es celoso.
Iñaki la tomo por las mejillas pasando los brazos por encima de la palanca de cambios.
- Así que es celoso. – la besó con dulzura. - ¿Y qué pasa si me está viendo en este preciso momento?
La volvió a besar y luego se aparto esperando una respuesta.
- Y bueno… estaría saliendo con la 22 en la mano. – sonrió, pero cuando él comenzó a reír agrego. – No jodas, Iñaki. Lo digo enserio… Ya te dije que es policía.
Iñaki quedó serio y miro apremiante hacia la casa.
- Dale, vamos. – dijo Ara y él puso en marcha el motor sin protestas.
Se dirigieron a la playa con la música alta interrumpida por alguna que otra conversación trivial o una pasada de mates. Ara no podía creer lo ordenado que estaba el Fiat, ya había estado en la habitación de él y era otro cuento. Pero el auto parecía ser su propio santuario, jamás una botella vacía por ahí o papeles tirados, cosas típicas que se esperan encontrar en el auto de un adolescente.
Araceli se colocó los lentes de sol para bajar en cuanto se detuvieron frente a la casa a orillas del mar. La Hilux la se encontraba estacionada allí.
- Te dije que iban a venir temprano. – le recriminó ella y se cruzó de brazos enfadada.
- Bueno, pero no daba para levantarse a las seis. Unas horitas más tarde no cambian nada. – intentó aplacarla él al tiempo que bajaba los bolsos.
Ella se acercó a la puerta todavía enojada, sin ofrecerle ayuda. No hizo falta ni que tocaran que Sonia salió a recibirlos. Iba con un solero color turquesa y un pañuelo blanco sobre el cabello cobrizo.
- Hola, dormilones. – saludo con alegría. Le dio un beso en la mejilla a cada uno y los invito a pasar. – Alan está preparando mate y yo traje unas facturitas para comenzar nuestras mini vacaciones con toda la onda. Dale, Ara. Vayan a dejar los bolsos arriba.
Ara se subió los lentes a la cabeza y empinó hacia la planta alta. Iñaki la siguió en completo silencio hasta que llegaron al rellano superior. En él había tres puestas dispuestas en tres paredes diferentes del pasillo cuadrado. La del medio comunicaba al baño y las otras dos a habitaciones.
Iñaki entró en la de la derecha detrás de los pasos de su novia.
- Te dejo el bolso acá. – dijo y agarrando bien el suyo se dispuso a salir.
- ¿A dónde vas? – inquirió ella con una sonrisa que demostraba que había recuperado el buen humor. – No, querido. Tu bolso también se queda en esta habitación.
Él miró a la habitación identificando lo que había a su alrededor. En la estancia solo había una cama matrimonial.
- ¿Qué pensaste? – rió Ara. – Cuatro adolescentes en una misma casa, sin supervisión paterna.  Somos novios, Sonia y Alan también. ¿Creíste que nos separaríamos en niños y niñas como cuando teníamos diez años?
Ella se acercó y le acarició el rostro. Él soltó el bolso, que aun tenía en su mano, para tomarla de las caderas y así mantenerla cerca suyo. Inclinó la cabeza y apretó sus labios a los de ella con pronto entusiasmo.
- ¡Chicos o se apuran o bajamos nosotros solos a la playa! – gritó Alan desde la base de la escalera.
Ara e Iñaki se separaron riendo como niños atrapados en mitad de una travesura y sin soltarse de la mano fueron al encuentro de sus amigos.
Sonia y Ara se hallaban tomando sol boca abajo recostadas sobre las esterillas. Mientras que los chicos amparados por la protección de la sombrilla, aprovechaban para apreciar los atributos de sus novias que quedaban al descubierto con los bikinis.
- Linda, ¿por qué no te venís acá que te doy unos mimos? – propuso Alan vigilante de todos los hombres que pasaban alrededor.
Sonia puso los ojos en blanco, pero se levantó de su posición y se recostó apoyada en el pecho de su novio. Alan la abrazó posesivo dejando en claro que nadie se le podía acercar porque era de él. Iñaki rió disimuladamente de la actuación que daban, mas miraba con recelo a Ara que no se había movido. No estaba en su carácter hacer públicos sus celos e inseguridades. Por lo que se contentó con vigilar a su novia.
- ¡Araceli! – el grito de saludo llego con potencia desde algunos metros de distancia.
- ¿Guille? – ella se puso en pie para saludarlo con un delicado beso en la mejilla que hizo que a Iñaki se le retorciera el estomago.
- No me dijiste que te venias a la playa. – dijo Guillermo asombrado. – Yo estoy con los chicos y algunos más. Nos podríamos juntar.
Ara se mordió el labio inferior, Guille no le parecía mal tipo, no obstante había imaginado esas vacaciones como una cita doble. Y no estaba dentro de sus planes que se unieran todos los chicos del curso.
- Estaría bueno ¿no? – acotó Alan como pidiéndole a Sonia que aprobara la idea.
- Hey, Alan no te había visto. – Guille se acercó a la sombrilla y saludo con un apretón de manos a este. Luego le dio un beso a Sonia. - ¿Qué haces, nena?
- Bien, acá veraneando un poco… - ella sonrió con amabilidad. - ¿Y vos? ¿No se suponía que tenías que rendir matemática esta semana?
- Bien dicho. Se suponía. Le dije a mi vieja que se dejara de joder… que después la sacaba en febrero. No me iba a perder el comienzo del verano.
Todos rieron de las ocurrencias de Guillermo, todos menos Iñaki que miraba todo con el ceño fruncido. Así fue como Guille se percató de su presencia.
- ¡Ñoqui! ¿Viniste a achicharte? – sonrió irónicamente. – Te hubieras quedado a leer en tu casa, seguro era más interesante.
- Basta. – le cortó Ara aun conservando la paciencia.
- ¿Dónde te estas quedando? – pregunto él volviendo toda su atención de vuelta a ella.
- En lo de Alan.
Guillermo pasó un brazo por los hombros de ella y se acercó de manera que pudo susurrarle al oído.
- ¿Y por qué no te venís conmigo que estoy solito en mi casa? Digo, así le dejas algo de intimidad a la parejita. – a pesar de haberlo dicho suave al oído de Araceli los demás también pudieron oír la invitación.
Sonia y Alan permanecieron en silencio observando la situación. Iñaki aguató los celos esperando la respuesta que ella le iba a dar. Ara mientras tanto no salía de su asombro.
- Antes de que digas nada, tengo que agregar que tenes un cuerpo divino. – silbó al tiempo que hacía que ella diera una vuelta para mirarla mejor. – Y ese bikini te sienta perfecta.
Iñaki no lo aguantó más. No soportó más la palabrería de Guillermo, pero le dolió sobre todo el silencio de su novia. Se puso en pie y recogiendo sus cosas se marchó con la poca dignidad que le quedaba.
Cuando hubo llegado a la casa, se dio cuenta que no llevaba llave de manera que no tenia forma alguna de entrar. Se sentó al lado de la puerta y fijó la vista en el cielo despejado. ¿Por qué habría creído que todo sería diferente por el simple hecho de salir con ella? No lo sabía. Sin embargo todo seguía igual, los demás seguían pasándolo por encima como si no importase.
Se agarró la cabeza apoyando los codos en las rodillas levantadas y cerró los ojos en un intento de olvidar lo que había sucedido hacia algunos minutos y seguir adelante. Pero no pudo. De repente recordó que aun llevaba la llave del coche en el bolsillo del bañador. Se irguió con agilidad y en segundos estuvo tras el volante de Fiat alejándose a gran velocidad.


Holis... Je... Bueno se que he tardado un poco, pero por fin aqui tienen el segundo capitulo de mi mini-novelita... Espero que les guste y que deje comentarios...

3 comentarios:

  1. Hola, bell´simas letras desnudan este precioso,íntimo blog, si te gusta la palabra elegida, la poesía, te invito al mio,será un placer,es,
    http://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
    gracias, buen martes, besos de agua...

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  2. hay mas tirernooo!!! me lo lei devuelta :) che tenes un premio en mi blog tontita haber si contestas las preguntas jajaja :) bexhoooooooo!!!

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  3. Hey me paso...

    muy lindo lo que escribes...

    y nada me paso...


    espero que tambien puedas pasarte por mi blog y leer algo

    BsS...

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