viernes, 30 de septiembre de 2011

Un dulce recuerdo. Capítulo Tercero: Perdón.


Una hora después cuando Araceli y los demás regresaron a la casa, el Fiat aún no había vuelto, pero ninguno lo nota.
- ¡Iñaki! – gritó Araceli al ingresar.
- Para Ara, la puerta estaba cerrada y él llaves no tenía, asique no creo que este en la casa. – Sonia expuso su lógica con seriedad.
- ¿Y el auto? ¿Estaba afuera? – preguntó Alan de paso mientras iba a la cocina.
Sonia se asomó por la ventana y al darse vuelta negó con pesadumbre. Araceli corrió escaleras arriba. Entró en la habitación donde estaban los bolsos sin desarmar y comenzó a buscar en los bolsillos del suyo hasta que encontró su celular.
Con desesperación marcó el número de Iñaki y esperó con el corazón en la garganta. Sin embargo nadie entendió. Lo intento una vez y otra más. Aunque fue inútil, siempre obtuvo el mismo resultado. Bajo de nuevo con el celular apretado en su mano y las lágrimas a punto de salir de sus ojos.
- No contesta. – le comentó en un suspiro a su amiga. - ¿Dónde estará?
- Bueno. Ya...Ya... – Sonia la abrazó intentado consolarla. – Además si sus cosas están aquí va a tener que volver, ¿no?
Alan que acababa de ingresar al living se encogió de hombros y Sonia lo fulminó con la mirada. Araceli se sentó en uno de los sillones y se encorvó allí a la espera de noticias de Iñaki. Recién a las doce de la noche un ruido de motor la despertó del sopor débil en el que había caído.
Hacía lagunas horas que habían comido, aunque ella no probó bocado alguno. Luego Alan y Sonia se habían retirado a su habitación. Solo ella escuchó como la puerta de entrada se habría y volvía a cerrarse. Ella pudo distinguir la silueta pobremente iluminada de Iñaki y el alivio la invadió por completo. Puso los pies en el suelo para luego acercársele.
- ¿Dónde estabas? – le preguntó impulsiva.
- Que más da... – la respuesta salió en un tono irritado.
Pasó de largo, sin mirarla y se encaminó a la habitación que se suponía que debían compartir. Anonadada, Ara lo persiguió hasta allí para contemplar como tomaba su bolso.
- ¿Qué haces? – se animó a decir con voz trémula.
- Voy a dormir al sillón. – contestó secamente.
- ¡¿Por qué?! – gimoteó lastimera.
Él se giró mirándola por primera vez desde esa tarde.
- Porque no sé si me puedo bancar esta situación. Y lo mejor es que yo me vuelva mañana mismo a mi casa... a estudiar. – esto último lo agregó entre dientes y con rabia.
Ella no lo soportó y, en un segundo, terminó con la distancia que los separaba abrazándolo con suavidad pero con suficiente firmeza para que no se soltase.
- No te vayas, Iñaki. – suplicó y sonriendo tímidamente agregó. – Se que debí defenderte y callar a Guille. Es que...soy tan estúpida.
Al escucharla, no pudo reprimir una sonrisa fugaz. Más a pesar de todo seguía decidido a seguir a delante. A su vez ella estaba decidida a no dejarlo salir de la habitación.
- ¡Dios! – gritó en un momento ya cansada del silencio. – Deja ya el maldito bolso. Sé que estas enojado y tal vez tengas algo de razón. Pero córtala con las idea estúpidas y decime que te pasa.
- No voy a soportar ver cómo me pasan por encima sin que a nadie el importe un carajo. – le espetó él. - ¿Querías saber lo que me pasaba? Era eso.
- ¿Qué a nadie le importas? – se separó un poco de él para mirarle directamente al rostro. - ¿Y yo quién soy? ¿Y Sonia? ¿Alan? ¿Qué somos nosotros que estuvimos a tu lado los últimos meses? ¿Eh?
Iñaki abrió los ojos y no supo que contestar. Era cierto. Sonia y Alan lo habían recibido con los brazos abiertos y eran buenos amigos.
- ¿No tienes nada que decir? – señaló Ara, lo soltó y, segura de que no se iba a ir, se sentó en la cama. – Si es así, suelta el bolso de una buena vez y ven a sentarte aquí. Quiero hablar bien.
Él obedeció pues no sabía más que hacer. Se colocó a su lado en la cama y ella apoyó su mano sobre la de él junto a su cuerpo.
- Perdón. – se disculpó la fin Iñaki.
- Tú también perdóname. – continuó Ara.
- No soy celoso, pero esa invitación desubicada, los piropos y que tú no le dijeses nada... me sacó...
Araceli se puso de rodillas sobre el colchón y le alcanzó el rostro para acariciar el pómulo de él con sus labios. Él levantó la mano y le acarició la nuca produciéndole un cosquilleo en todo el cuerpo.
- Te prefiero mil veces antes que a Guillermo. – se apoyó en su pecho y le abrazó. – Tienes que saberlo.
Iñaki le levantó el rostro por el mentón y le poso un beso en la frete. Luego otro en la punta de la nariz, en la comisura de los labios. Bordeándole la mandíbula llegó a su cuello. Con deleite sintió como Araceli se estremeció entre sus brazos. Le acarició los brazos hacia abajo al tiempo que la depositaba por completo en la cama. Ella estiró sus manos y entrelazó sus dedos en el cabello de él, de manera que se aferraba bien a su cuerpo sin dejar la mínima posibilidad de que se fuera.
Sus cuerpos se soldaron como si fueran uno y los jadeos quedaron absorbidos por la boca del otro. No le bastaron los besos y los abrazos para pedirse perdón mutuamente. Fue así que, satisfechos, se quedaron dormidos uno junto al otro.

Puede que sea un poco tarde...jeje pero seguro... Espero que lo disfruten...

No hay comentarios:

Publicar un comentario