martes, 18 de octubre de 2011

Un dulce recuerdo. Capítulo Cuarto: Comprensión


Ella parpadeó confusa ante tanta luz. No recordaba el momento exacto en el que se había quedado dormida. Mas si comenzaba a rememorar cada instante pasado la noche anterior. Una ancha sonrisa se extendió por su rostro. Se desperezó esperando encontrar a Iñaki a su lado, pero solo se topo con las sabanas frías.
Se sentó en la cama y miró a su alrededor. La ropa de él ya no se encontraba esparcida por el suelo y su bikini lo había colocado en una esquina de la misma cama. Araceli se levantó, se colocó el bikini y encima el short. Salió de la habitación un tanto desconcertada y recorrió de a saltos la escalera. Llegó a la cocina en pocos segundos. Allí encontró a Iñaki inclinado sobre la mesa escribiendo en una hoja de papel.
- Buenos días. – saludo alegre. - ¿Y los demás?
Él se irguió y arrugó el papel dejándolo sobre la mesa.
- Se fueron temprano a la playa. – dijo con sequedad.
- Me peino un poco y vamos. – aseguró Ara creyendo que el mal humor de él se debía a que se había levantado tarde.
- No.
- Bueno. Nos quedamos aquí. – dijo sin entender, pero sin importarle bien que planes hiciesen, mientras fueran juntos. – Podríamos ver una peli. Seguro que Alan tiene algunas junto al reproductor de DVD.
- No. Yo no voy a la playa, pero tampoco me quedo.
- ¿Qué quieres decir? Iñaki, ¿qué pasa?
- Me voy casa. – explicó calmado.
- ¿Cómo que te vas? – Araceli lo miró incrédula durante algunos segundos. – Y ahora se puede saber por qué.
Iñaki rodeó la mesa y caminó hacia la puerta de la cocina sin hablar. Ella lo frenó con la palma de la no apoyada en su pecho.
- Repódenme. – se sentía impotente. No sabía que sucedía, pues en la noche todo había sido perfecto o al menos lo fue para ella.
- Ya te lo dije. No sé si me banco esta situación.
- ¿Esta situación? ¿Qué situación? Haber, decime. – le gritó exaltada. – Porque, la verdad, yo no te entiendo.
- No me entiendes ¿no? – hizo esa pregunta con ironía y continuó cuando Ara asintió. – Bueno. Somos personas muy diferentes. Yo me gradué al ras, vos con honores. Fuiste elegida mejor compañera, reina del baile. Ese beso que nos dimos en el baile, el que todo mundo vio, nadie lo recuerda. Ni a mí me recuerdan a menos que sea para llamarme ñoqui...
- Pero que importan lo que los demás piensen si yo te quiero... – le interrumpió como si fuese obvio lo que le decía.
- No, ese no es el problema. El problema es que nadie sabe que soy tu novio desde hace dos meses. – suspiró, se rascó la cabeza y la miró a los ojos. – Siempre que estamos frente a los demás, no me registras. Si te quiero dar un beso o acariciar, me evitas delicadamente. Y eso me lleva a pensar que no quieres que lo nuestro se sepa. ¿Por qué? No lo sé, tal vez te doy vergüenza o que se yo. Pero a mí no me va, asique si te gusta jugar anda a buscar a Guillermo.
La esquivó para seguir adelante, pero antes de salir se volteó un poco y le dijo.
- Igual te advierto que lo único que busca es sacarte la ropa.
Araceli abrió los ojos sorprendida de lo que acababa de decirle. Cerró los puños con rabia.
- No creo que sea muy diferente a lo que vos hiciste conmigo anoche. – tenía toda la intención de herirle. – Entonces debo suponer que son iguales. O tal vez él tenga la decencia de no echarme la culpa a mí de que se va.
Iñaki se volvió completamente hacia ella.
- No me compares con él. Lo de anoche fue un erro, que jamás tendría que haber sucedido.
Caminó hacia la puerta y la abrió de un tirón. En el umbral a punto de tocar timbre estaba Guillermo.
- Genial. Lo que faltaba. – bufó Iñaki empujándolo para salir. – Acá llegó tu noviecito.
Araceli intentó seguirlo pero Guillermo le cortó el paso.+
- Iñaki. Iñaki. – gritó ella por encima del hombro de él. – Maldita sea, Iñaki, vuelve.
Sin embargo él no le hizo caso, se subió a su Fiat Uno y se marchó. Araceli se volteó e ingresó en la casa nuevamente en busca de su celular para llamar a Sonia. Necesitaba ayuda. Guillermo la siguió hasta la cocina donde ella encontró lo que buscaba.
- ¿Qué te tiene tan preocupada, princesa? – la interrogó como quien no quiere la cosa.
Ella trató de ignorarlo, pero él estaba cada vez más cerca. Cuando sintió que sus cuerpos se rozaban, se sorprendió de tal modo que soltó el celular. Este dio contra el piso y se abrió.
- Mierda. – maldijo ella repentinamente angustiada e intentó cogerlo, mas Guillermo otra vez se interponía en su camino.
Él estaba tan cerca que si se inclinaba un poco sus cuerpos estarían en pleno contacto.
- Guille... – comenzó a decir.
- ¿Qué hacía el ñoqui acá? – la interrumpió él.
- No le digas así. – frunció el ceño con una mezcla de irritación y culpa. – Se llama Iñaki.
Guille puso los ojos en blanco y levantó los hombros restándole importancia.
- Ara, la invitación iba enserio. –cambió radicalmente de tema a la vez que le acomodaba un mechón del cabello. – Me encantaría pasar tiempo con vos.
- Eh...Ya estoy saliendo con alguien. – le confesó Araceli.
- ¿Qué? ¿Con quién? – estaba estupefacto.
- Con Iñaki...
Una risa en forma de resoplido surgió de los labios del joven.
- ¿Con el ñoqui? – sonrió y luego frunció la boca. - ¿Qué puede tener el que no tenga yo?
- No se trata de lo que tengas o no. Yo quiero a él. – puntualizó ella.
Guillermo se puso rígido pero no se alejo de ella, sino que se le acercó aun más.
- Yo creo que cuando veas todo lo que tengo cambias de opinión. – la tomó de las mejillas tratando de arrimar sus rostros para besarla.
Ara consciente de su propósito se retorció entre sus manos. ¿Por qué todo le sucedía a ella? Acababa de perder a Iñaki y ahora esto. Cerró los ojos intentando no llorar. De pronto sintió como las manos que la aprisionaban se retiraban abruptamente. Cuando abrió los ojos vio una silueta parada en frente de ella en pose protectora.
- Iñaki. – susurró alegre y se permitió que algunas lágrimas resbalaran por sus mejillas.
- Le vuelves a tocar un pelo y te juro que te comes este. – dijo él levantando el puño en alto a Guillermo que había sido lanzado contra la pared. – Ahora vete.
Él lo observó durante un segundo sus posibilidades, pero a ver a Araceli ocultarse tras Iñaki decidió que valía la pena y se marchó aporreando la puerta de entrada.
- ¡Volviste! – dijo Ara rompiendo el absurdo silencio que se había armado y lo abrazó desconsolada.
- Si, me había olvidado el celu. – contestó el sin poder evitar acariciarle el cabello. - ¿Estas bien?
- Si. Ahora que estas aquí, si. – levantó un poco la vista. – Por favor no te vayas. Te quiero. Lamento lo que dije. No hay comparación entre ustedes. Eres el mejor por mucho.
- Sh...Ya sé...Yo también me pase un poco. – admitió estrechándolo más. – Espero que puedas perdonarme.
- Solo si prometes pensar antes de saltar como leche hervida. – Ara sonrió. – Yo prometo otro tanto.
- Ok. – coincidió y le besó la cabeza.

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