martes, 15 de noviembre de 2011

Un Dulce Recuerdo. Capitulo Quinto: Solo un dulce recuerdo.


Querido Iñaki:
Este verano ha sido el más maravilloso de todos y no lo digo por exagerar. Has cambiado por completo mi forma de ver lo que rodea. Te lo agradezco.
Estos meses he aprendido a amar y a luchar por quienes amo, y todo gracias a ti. Te entregué mi ser por completo, lo desarmaste y rearmaste con solo una mirada. Retorciste mi mundo simétrico con tus locas ideas y creaste una obra de arte.
Sin embargo, parece ser que el destino nos corta el tiempo para estar juntos. Se acaban las vacaciones y yo iniciare la carrera de medicina y tú viajaras a Buenos Aires para entrar en el mundo de la política.
Te deseo buena suerte en tu vida. Nunca te olvidaré y siempre te amaré.
Tu Ara.
P.D.: Ojala cuando nos reencontremos sigamos siendo grandes amigos.

El micro partía de la estación y él releía la carta por décima vez. Hacía una semana que ella se la había dado antes de despedirse con un último beso. Largo y angustiante. Ahora mismo se preguntaba por qué no la había encarado años antes, por qué había esperado hasta el último tramo para animarse. Sonrió mirando hacia la ruta, el destino era así. Más este verano jamás lo olvidaría.

En otra ciudad, sentada frente a una hoja de examen, Araceli recordó que a esa hora Iñaki debía de estar ya rumbo a Capital Federal. Entre el pulgar y el índice tomó el dije en forma de mariposa, que él le había regalado el mismo día de la despedida. “Un recuerdo” había dicho.
Era precioso, enteramente de plata y filigrana de oro. Debió de haberle costado bastante. Ella solo le dio una carta. Sintió que enrojecía, ¿por qué no se le había ocurrido otra cosa? Bueno, ya estaba hecho, no había nada que hacerle; y de igual modo a él le había agradado.
Cerró los ojos y rememoró su rostro antes de concentrarse en el examen. “Ojala que todo salga bien.” Pensó y no solo por el examen.

Doce años después...
- Amor, vamos a llegar tarde. – gritó Iñaki para hacerse oír.
- Ya voy. – respondió la voz femenina desde el cuarto. - ¿Sol esta lista?
- Si, esta preciosa. – levanto a la niña de cuatro años del suelo y le beso la nariz.
- Ok, vamos. – dijo ella apareciendo al fin.
- Mami esta linda. – chilló Sol alegre por la inminente fiesta.
Los tres subieron al auto. El viejo Fiat había sido cambiado por un Corsa más familiar. Llegaron a la fiesta cuando esta estaba en todo su esplendor. Sol iba aferrada a su padre y este la observaba con ternura.
- Aún no entiendo para qué es la fiesta. – comentó la madre sin dejar de mirar para todos lados.
- Miriam... – susurró Iñaki al oído de su mujer. – No juntamos varios políticos y sus familiares. Vamos, diviértete.
- Si, pero...
- Ya deja de quejarte. – dijo él, pero dejo de prestarle atención en el momento que su mirada se situó en la silueta que se hallaba a unos metros de distancia.
Y aunque no era ni la misma fiesta ni el mismo vestido, su mente evocó a un magnifica Julieta de Verona. Solo podía ver su espalda, más estaba seguro que sería ella.
- Toma a Sol un minuto. – dijo pasándole a su hija a Miriam. – Voy a saludar a alguien y ya vuelvo.
Se encaminó hacia la silueta dejando atónita a su mujer. No despegó ni un segundo la vista de ese cabello lacio que caía como una cascada hasta su cintura.
- ¿Ara? – preguntó sin animarse a pronunciarlo más alto.
La aludida se volteó sorprendida de escuchar esa voz tan familiar. Sus miradas se encontraron y se reconocieron en los ojos del otro. Araceli le sonrió con la mayor dulzura que surgió de su corazón. Sin mediar palabra lo abrazó estrechándolo contra su cuerpo con firmeza.
A Iñaki, aunque feliz ante tan repentino reencuentro, algo no le cuadraba, pero ¿qué era? Pronto descubrió que era ese bulto que entorpecía el abrazo de ambos. Se separó y le miró la pancita que sobresalía entre el modal rosa de su vestido.
Sus ojos se volvieron a encontrar, y ella pudo percibir la pregunta silenciosa. Se sonrojó, por la vergüenza que le da tanta felicidad. Él se recriminó sentirse herido por la situación en que la encontró. ¿Acaso no tenía el una niña y de varios años?
- ¿Me permites esta pieza? – le propuso galante. Ella dio una pequeña reverencia y le ofreció su mano.
Ambos se posicionaron, él con sus manos en la cintura de ella y ella con las suyas apoyadas en los hombros de él. Bailaron al compás de la música melódica, disfrutando el momento de intimidad prohibido.
Varios metros más allá, Miriam los observaba con su hija en brazos. Un hombre alto de cabello rubio y engalanado con un traje, se posicionó a su lado mirando en la misma dirección.
- ¿Tu marido? – le preguntó con voz jocosa. Miriam asintió sin más. – Mi prometida. – agregó luego.
Ambos se miraron y sonrieron. Pudieron hacerlo, porque sabían que pasase lo que pasase sus parejas volverían. Ese verano quedó en sus memorias, pero el tiempo lo había transformado en un dulce recuerdo que les era imposible retornar.

Fin

domingo, 6 de noviembre de 2011

Carta desesperada (Dia de lagrimas)


 Me gustaría saber que vez cuando me miras. Yo veo una adolescente madura, que le va bien en el colegio, que tiene una excelente relación con sus padres, que no se mete en líos, que es muy estructurada...Si, cosas buenas. Pero que no tiene mucha relaciones sociales. Cuento con algunas contadas amigas.
 Tengo una amiga del alma, pero tiene novio. Bien por ella, que se siente amada, que ama y sufre por amor.
 Tengo otra amiga que me comprende del todo. Lastima que vive en la otra punta del continente.
 Tengo Face, pero no hay mucho que comentar en el. Me siento delante de la barra que dice "¿Que estas pensando?" y no se que poner. No puedo colocar un "Te amo" porque no habría nadie que no recibiera. No hay canciones que describan lo que siento porque en su mayoría son de amor.
 Tengo miedo, mucho miedo de hacer las cosas mal, por eso medito mucho mis pasos en la vida. Miedo a perder las pocas amigas que tengo. No las atosigo por miedo. Acepto todo lo que hacen y dicen por miedo.
 Amiga, si alguna vez me viste muy pesada es porque me da miedo perderte. Ya he perdido tantas amistades que intento cuidar cada parte de tu vida, para que te sientas feliz a mi lado y no te alejes.
 A vece me callo y no te hablo esperando que te des vuelta y me digas "¿Que te pasa hoy?". Espero ese mensaje que diga "¿Nos juntamos?". He intentado regalarte cada sonrisa cuando la necesitaba. Me he prometido aconsejarte cuando te veía en el mal camino, pero dejarte seguir si después de escucharme seguías convencida que tus decisiones eran las mejores. Me propuse no criticarte como los demás, evitar enojarme contigo. Porque te quiero, por que a veces creo que si te hago disgustar te alejaras.
 No quiero quedarme sola. Temo terminar aislada. Sobre todo temo y no quiero perderte. ¿Me harías un favor? No me lo permitas. Ayúdame a socializar, a destrucuturarme, a dejar de razonar todo lo que hago, a dejar de pensar en la consecuencias de cada palabra, a soltarme, a sentirme libre, a divertirme con impulsos, a deshinibirme de buen a manera.