martes, 17 de enero de 2012

Tercera reseña: El deseo oscuro... (Serie oscura, Carpatos)


Titulo: El deseo oscuro (Serie Oscura, Cárpatos)

Autor/a: Christine Fehaan

Sinopsis: Atrapado en la más espantosa agonía, torturado y enterrado en vida, Jacques sólo conserva la vida y la cordura gracias a los poderes de su raza y al contacto telepático con una desconocida mujer.  Cuando ella finalmente le encuentra y le rescata, él está enfermo y débil.  Apenas recuerda que es un carpatiano, un ser de la noche capaz de increíbles hazañas, ni tampoco la traición que permitió que un grupo de humanos casi acabara con él.  Pero sabe que la mujer que le ha encontrado es su compañera eterna, y que sólo ella puede salvarle de la locura.  Ella descubre en Jacques a un hombre diferente a todos, pero para poder amarle antes ha de sanarle... y aceptar la aterradora verdad sobre su propia naturaleza, sobre la fabulosa estirpe de los carpatianos.

ELLA ERA SU ÚNICA OPORTUNIDAD... Shea es una cirujana de éxito que siempre ha sabido que era diferente: podía intuir lo que los demás pensaban, y tenía una rara enfermedad que la condenaba a continuas transfusiones de sangre.  Perseguida por un grupo de fanáticos que la acusan de vampirismo, llega hasta la remota región de los Cárpatos, la tierra del padre al que nunca conoció.  Allí se encuentra con un ser increíble, un hombre que vuelve de entre los muertos, que la hechiza con un amor posesivo, asfixiante, a veces violento y aterrador... pero de algún modo sabe que ha encontrado su destino, y está dispuesta a defender a ese ser excepcional de sus enemigos, humanos y no humanos, al precio que sea.
PARA DOMINAR A LA BESTIA QUE LLEVABA DENTRO... En un tiempo fue hermano de Mikhail, príncipe de los carpatianos, los amos de la noche.  Ahora, tras su terrible pesadilla, Jacques está a punto de ceder a sus instintos asesinos y convertirse en un vampiro, como ha sucedido a tantos otros de su especie.  Su familia sabe que si eso sucede tendrán que destruirle, pero aún tienen una esperanza: la mujer que le ha rescatado, una medio carpatiana que ha sido educada como humana.  A ella se aferra Jacques como único vínculo con la vida.  Mientras sanan sus heridas y su espíritu, comprende que el amor eterno a Shea es todo lo que tiene, un amor del que puede depender no sólo su vida, sino la de toda su especie.

Opinión personal: Los libros de esta autora son la típica historia de amor en el que se ven atados por una magia más poderosa que ellos y de la cual no pueden deshacerse ni ignorar. Los personajes aunque bien definidos no resaltan uno de otros durante la serie (ya he leído varios de esta serie)... Consta siempre de lo mismo, una protagonista muy hermosa, independiente, bondadosa y, varios casos, humana. Él es un macho carpatiano machista y sobreprotector hasta la medula así como también muy cariñoso con ella.
Empiezan sin entenderse ninguno de los dos... Él queriendo imponer su voluntad a una joven que no es para nada dócil. En un descuido de parte de la humana termina convertida en una carpatiana compañera. Ella debe aprender en tiempo record que los carpatianos no son vampiros y que ahora ella forma parte de esa rara raza europea que está a punto de extinguirse.
A pesar de que la historia de amor es un poco trillada, detrás de esta se esconde la historia de un pueblo que lucha por sobrevivir y que es perseguido por todos lados. Tiene una narrativa cargada de sensualidad y erotismo, basándose principalmente en la relación amorosa de los protagonistas y la lucha de pensamientos que parecen imposibles de coexistir juntos.
Es un libro recomendado para pasar el rato, de fácil lectura y una sencillez que te lleva leértelo de un tirón y seguir queriendo más.

Segunda reseña: Abzurdah


Titulo: Abzurdah

Autor/a: Cielo Latini

Sinopsis: Una muchacha camina al borde del abismo. Cielo Latini, niña precoz, sensible y creativa, educada en una familia "normal", siempre una enfant terrible fascinada por el arte y por "mecomoami" en el que miles de adolescentes hacían público su derecho a ser anoréxicas, los intentos de suicidio, la autoflagelación. Y finalmente, la resurrección, la cura, a través de la palabra. Hoy es una bellísima joven de 21 años, que ha sobrevivido al infierno para poder contarlo.
Abzurdah es un vibrante testimonio, una historia impactante por su crudeza, porque refleja la realidad de miles de adolescentes. Su autora, además de coraje e inteligencia, tiene el claro don de la escritura, que le permite mantener en vilo al lector hasta la última página.

Opinión personal: Apenas vi la portada pensé que iba a ser una historia perturbantemente inquietante y no me equivoque. Tampoco que la opinión de mi mejor amiga (quien me lo presto) ayudara mucho. “Es algo traumático” dijo o algo así fueron sus palabras. No sé, pero supongo que le hecho de que la historia es real lo hizo aun mas perturbador. Digo, he visto películas y series que dejan a una alucinada  con lo fuerte que son las historias de anorexia e intentos de suicidio, pero leerlo es otra cosa. En las imágenes una puede imaginar o adivinar los sentimientos del protagonista, jamás se está completamente seguro de lo que se quiso mostrar o por qué hace tales o cuales cosas. En el libro, la escritora, deja en claro lo que sentía y siente al respecto de esa época de su vida.
Es de rápida lectura en un principio, aunque puede que en el trascurso de las páginas tengan que tomarse un respiro de tanta agonía antes de retomarla. En todo tiempo igualmente te da la sensación de estar escuchando la historia de parte de la boca de las misma autora, pues consta de un vocabulario por momentos vulgar por otros sofisticado y científico, idéntico al de una persona que intenta en el momento explicar algo para que se lo entienda.
Aunque estoy de acuerdo con mucho de lo que escribe y me he sentido identificado con alguno de los pasajes (lo que no quiere decir que sea una retorcida, como suele llamarse ella), no estoy de acuerdo el punto de vista genera que tiene de ella misma a esa edad. Tiene una manera netamente negativa de ver la vida (y eso que yo no soy una persona muy positiva que digamos, pero ella se pasa). Cabe destacar que es muy realista al respecto de lo complicado y arriesgado que es ese tipo de trastorno para un adolescente, casi un golpe duro de una verdadera pero cruel historia.
No es un libro que se pueda tomar por el mero hecho de divertirse o pasar el rato... No lo lograras con este. Es para leerlo despacio con meditación y consciencia. Es un digno honor a todas aquellas adolescentes que han pasado por ello y una muestra de que se puede salir de ello.

sábado, 14 de enero de 2012

Sublime semajanza... Cap 2


Maximilian
- ¿Cuál es tu nombre? – le pregunte al cruzar el umbral.
- Me dicen Lizzie. – respondió con una mueca divertida en su rostro pálido.
Era linda. De cabello corto, desmechado, oscuro como la noche; ojos negros sin fondo; y pecas rebeldes de pómulo a pómulo. Era petisa, pero tenía buenas curvas debajo del pantalón holgado y la musculosa blanca.
- Yo soy Maximilian. – continué. Adoraba mi nombre cuando me presentaba en la universidad, me daba un aire importante, pero para ligar era un desastre. – Maxi o Max, más corto y menos estrafalario.
Se hizo un periodo de silencio a la vez que ambos comenzamos a caminar calle abajo. Metí las manos en los bolsillos de mis jeans intentando pensar algo que decir.
- Nunca te ha visto en falda o vestido. – dije en voz alta mientras pensaba en que jamás había visto sus piernas.
- Solo me has visto dos veces. – se excuso ella perturbada.
¡Carajo! ¿Y ahora como salía de esta? Le decía que tenía razón y quedaba como un idiota. O le confesaba que hacía varios meses que la observaba merodear por las calles y me consideraba un acosador.
- No es la primera vez que te veo. – me decidí por la segunda. Este era yo, si le gustaba, bien, y si no, que se “fuera a freír espárragos” como decía mi viejo. – Sueles pasear por las calles de madrugada, siempre acompañada del flaquito y el grandulón.
Abrió los ojos con desmesura. “Ja… Ahora me putea y sale corriendo” pensé con pesimismo, más ella cerró los ojos y sonrió.
- ¿Estudias? – preguntó cambiando de tema, lo cual agradecí. A pesar de que no me había rechazado, me había sentido incomodo con la situación.
- Si… Administración de empresas. – proclamé orgulloso, era lo único de lo que podía sentirme así.
- Entonces, ¿qué haces atendiendo un bar un domingo en la noche? – me miró con esos ojos negros y yo contuve un suspiro, podía perderme en ellos. – No deberías estudiar para algún examen o algo así.
- ¿Y tú no deberías estar durmiendo para ir al colegio mañana? – le contraataqué burlón.
- Pues sí. – dijo seria y luego añadió como si tal cosa. – Pero estamos en Las Vegas, la ciudad que nunca duerme.
Asentí de acuerdo. La vi revolver los bolsillos durante un rato en busca de algo y me sorprendió ver que sacaba un atado de cigarrillos y un encendedor.
- ¿Fumas? – me convido. Yo negué con la cabeza, espantado de ver su pequeña figura encendiendo uno y llevándoselo a los labios.
- ¿Tus padres sabes que andas por bares a estas horas? – pregunte irritado de esa actitud superada.
Se encogió de hombros y soltó una bocanada de humo.
- Mis padres ni saben que existo. – repuso antes de dar otro pitada, y creo que distinguí un poco de tristeza en el matiz de su voz.
El espanto que sentía debió rebelarse en mi rostro, pues pude ver como sonreía con amargura. No me agradaba la idea de que Lizzie hiciese lo que le venía en gana, que saliese con esos hombres que no debía ser ninguna buena influencia. Pero, ¿qué podía hacer con eso? A penas la conocía.
Di un paso al frente, sentía el impulso de rozarle el rostro aunque fuere unos segundos. Estiré la mano y el aire pareció detener su circulación, se había formado una atmosfera densa, que se vio rota cuando una voz grito a mis espaldas.
- ¡Lizzie! – el grandulón la llamaba con la mano en alto, mientras el flaquito se bamboleaba de aquí para allá pasado en alcohol. Me estremecí. - ¡Vamos!
- ¡Ya voy, Phil! – respondió Lizzie con el ceño fruncido. Dio la última pitada y arrojó la colilla al piso para apagarla.
- ¿Nos volveremos a ver? – pregunté abrumado por su partida. Quería tenerla a mi lado.
- ¿Trabajas mañana? – asentí y ella me mostró una sonrisa blanquísima. - ¿Querés que nos encontremos al terminar tu turno?
- Si, me gustaría. – respondí acelerado. – Por ser lunes me toca de las 21 a las 24 horas.
- Ok, medianoche en la puerta del bar. – acordó a la vez que salía corriendo a donde la esperaban sus amigos. Al llegar junto a ellos, se volvió y me agitó la mano despidiéndose.
La vi alejarse y me pase una mano por la barbilla, tal vez debería afeitarme. Esa chica me había cautivado, la había visto en las calles meses atrás y siempre que podía me le quedaba mirando. Había intentado seguirla una par de veces, pero nunca lograba mantener su ritmo y la perdía de vista finalmente.
Hundido en mis pensamientos, llegué a mi departamento. Ingresé intentando hacer el menor ruido posible, deje las llaves en el mueble del recibidor y antes de nada mas fui a la habitación de mi viejo.
Abrí la puerta con delicadeza, estaba tirado en la cama aún vestido, pero dormido. Ni siquiera se había quitado la corbata, valla uno a saber a qué hora había llegado del laburo. Entrecerré los ojos, él no quería que yo trabajara en el bar, pero sino como íbamos a mantener mi matrícula en la universidad.
Le saqué los zapatos, acomodándolo un poco mejor y luego salí con sigilo de allí. Fui a la cocina y me hice algo de comer, volviendo a concentrarme en Lizzie. Volví a sonreí en la misma noche. Mañana tendríamos una cita.

viernes, 6 de enero de 2012

Sublime semejanza... Cap I


Lizzie
Miré mi objetivo con un ojo cerrado y mis brazos extendidos sostenían la pistola nueve milímetros con firmeza. El callejón donde me hallaba era tan elevado y estrecho que casi no se veía el cielo. Había acorralado a la bestia, que pegada contra la pared del fondo, me observaba mostrando los colmillos amenazadoramente.
Disparé con determinación, estaba preparada para esto, y pude sentir como la fuerza del disparo me impulsaba ligeramente hacia atrás. La bala viajó con rapidez, pero solo le rozó el hombro sin herirla. Gruñí.
El segundo disparo, fue diferente, le dio de lleno en el entrecejo. La bestia se desplomó produciendo un sonido hueco. Levante la cabeza y alcancé a divisar a Phil apuntando hacia abajo desde la terraza del edificio de la derecha.
Me di la vuelta frustrada. ¿Qué diablos me estaba pasando?
Phil cayó detrás de mí y pude oír sus pasos siguiéndome. Me alcanzó en menos de lo que cuesta respirar y me puso una de sus manazas sobre mi cabeza, cubriéndola casi por completo.
Él era enorme, me doblaba tanto en alto como en ancho. Su morena piel cubierta de músculos le daba un aspecto feroz, pero al conocerlo te dabas cuenta que era todo un a caballero, al menos que tratase con monstruos.
- Lizzie, Lizzie. – murmuró musicalmente. - ¿Qué te tiene tan distraída, pequeña? No será que sigues enganchada con el chico del bar que conociste la otra noche. ¿Verdad?
Agaché la cabeza maldiciendo por haberme cortado todo el cabello, de tal manera que ya no tenía la espesa cortina negra para cubrirme las encendidas mejillas.
- Ay, nena. Olvídalo y vente conmigo. – dijo Tod apareciendo frente a nosotros.
- Ja, ya quisieras. – repuse sonriendo y le saqué la lengua.
Tod era todo lo contrario de Phil: flaquito, pálido y rubio. Era lindo a su modo y agilísimo con sus piernas largas, pero definitivamente insoportable. Me mostró los dientes de forma juguetona, mientras se recogía el largo cabello con una bandita.
- Vamos por unos tragos, para festejar otra caza bien hecha. – propuso Phil dándome un empujoncito.
- … y unos tiros mal dados. – agregó Tod malintencionado y yo le levante el dedo del medio.
- ¡Vamos! – festeje mirando a Phil. Luego en voz seria dije. – Y espero que lo perdamos en un vaso de whisky.
Partimos los tres juntos hacia el bar que quedaba a cinco cuadras. Phil y Tod se pusieron a tararear Somewhere over the rainbow, y yo me les uni cantando el estribillo a todo pulmón. Interrumpimos en improvisado concierto solo cuando vimos aparecer en la esquina el cartel de neón que decía Miko`s. Fuimos entrando uno detrás del otro y, aunque Tod quería sentarse a una mesa que estaba junto a la ventana, logré que termináramos los tres en la barra.
Me subí a uno de los taburetes de un saltito y mis cortas piernas enfundadas en un pantalón de camuflaje quedaron balaceándose a centímetros del suelo. El lugar era agradable, dentro de la gama del tipo de bares que se pueden encontrar en un barrio normal. Tenía suaves luces rosas que se mesclaban con el humo del cigarrillo, aroma que no me importaba, y varias mesas dispuestas a suficiente distancia como para que la camarera pudiese pasar con facilidad. Lo mejor, jamás se hallaba repleto de gente.
- ¿Tienes edad para beber alcohol? – gruño el cantinero gordinflón con mala cara desde el otro lado de la barra.
- Albert, yo me encargo de la chica. – dijo un joven de unos veinte años saliendo de la puerta del depósito.
Era hermoso, yo lo sabía, lo había conocido la noche anterior. Bueno, conocer es un término que comprende el conversar, digamos que lo vi. Tenía el cabello cortito, casi al ras del cuero cabelludo del color de la madera oscura, y unos ojos ámbar que refulgían en la semioscuridad del bar.
- Hola, linda. – saludo mientras me guiñaba un ojo seductor y Phil, que se sentó a mi lado, me clavaba el codo en el costado con complicidad muda, pero dolorosa. Yo sonreí embobada y murmuré un saludo incompresible. Por un instante me imagine entre sus brazos, contra su duro pecho, absorbiendo su aroma a menta y café. - ¿Qué van a pedir? – salí de mis fantasías al oír su voz nuevamente.
- Tequila. – exclamó Tod tomando la delantera. ¡Él siempre tan sutil!
- Ron. Y mucho, nada de esas medidas mini. Total el que paga soy yo. – especificó Phil con un movimiento manos.
- ¿Y tú? ¿Qué? – me observo fijo haciéndome sentir atontada.
- Una margarita. – dije sonriendo. ¿De dónde había sacado eso? Lo peor que se me pudo ocurrir fue pedir un trago con nombre de flor.
Tod se carcajeó de mi elección y yo me mordí el labio inferior. Nada mejor para mostrar mis inmaduros dieciséis años, que lo que acababa de hacer.
- Acá tenes. – su voz tan cálida, me obligo a levantar la mirada. Me había colocado delante un vaso rojo y alto.
Avergonzada desvié la vista, mientras él se marchaba a atender otros pedidos. Levante el vaso y de un trago me acabe el contenido, sin esperar al brindis inicial de siempre. Se sucedieron los minutos, pero él no volvió a ver si necesitábamos algo más. Es más, a pesar de revisar la barra en su extensión completa no pude ver rastros de él.
Suspiré desilusionada al observar el vaso vacio y estuve a punto de pedir otro, cuando alguien poso su mano en mi hombro sobresaltándome. En cuanto giré mi rostro me topé con unos ojos color miel.
- ¿Vamos a dar un paseo? – me susurró por encima de la música que sonaba en los parlante. – Ya termine mi turno.
¿Él quería pasear conmigo? No me lo podía creer. Asentí algo exagerada y me puse en pie antes de darle tiempo a arrepentirse. Metí la mano en el bolsillo en busca de dinero, pero me detuvo.
- Cortesía mía, ya la pagué. – sonrío irresistible.
Confundida me volví para ver a Tod y Phil, pero ya se hallaban inmersos en una nueva ronda de tragos.
Finalmente salí de ahí, siguiendo a un joven del que poco sabia y que conocía hacia un día. “¿Qué más da? Es guapo y sexy. Además puedo sola si tengo algún inconveniente.” Pensé sintiendo el tranquilizador peso del arma junto a mi espalda.


Si lo se... es un poco corto. Lamento decirle que los caps de esta novelita son cortos... Que la disfruten y dejen comentarios

Un año con ustedes...

Holis... Bueno, mi blog hoy esta des festejo. Si... si... Hoy cumple un añito... jeje... Quiero decirles que me ha encantado compartir este año con tod@s mis seguidor@s y que les agradezco enormemente que se pasen, que me lean y que comenten...
Espero que este año sea mejor que el anterior y estoy dispuesta a esforzarme para brindarles mejores relatos, cuentos, novelas, y frases...
De regalo para ustedes por su compañía... subiré una novela que la cree para un concurso (el cual no gane, pero no importa). Espero que la disfruten y dejen mucho comentarios.


martes, 3 de enero de 2012

Vacaciones: ¡Agua de Luna!



Año Nuevo... Bueno la cena estuvo buena, a excepción porque nos sentaron a mi primo y a mí en la,  mesa de los niños... Digo, por Dios, tengo 17 y el 19... ¿Somos niños? Bueno, no importa... Una y media, me pasaron a buscar y fuimos a la casa de uno de los chicos a hacer tiempo para ir a Agua de Luna. En un principio éramos cinco... luego llegaron más y más... Cayó mi primo... “Que no se chupe porque yo no me hago cargo” Todo una dulzura... Pero que mas daba que él me cuidara si iba a terminar peor que yo...
A las tres partimos todos caminando en barra por la calle... Aún era temprano cuando llegamos, pero igualmente nos fuimos directo a la barra... “¿Quién quiere un fresita?” No hace falta decir que me prendí... Éramos cuatro chicas pasándonos una botella mientras caminábamos por ahí... La música estuvo buena...
De repente la música paró, las luces dejaron de parpadear... El Dj hablo al micrófono dándonos la bienvenida a Agua de Luna y deseándonos un feliz 2012... Y BUM... fuegos artificiales... Miles... Puedo jurar que el césped de club se iluminaba con cada fogonazo... “Ahí hay como ocho mil mangos” dijo una de las chicas... y yo le creí... Fue un espectáculo genial... que duro alrededor de 20 minutos... Todo era silencio... Todos los presentes (al menos tres mil personas) mirábamos el cielo...
Cuando termino, la música volvió a arrancar. La gente a hablar a moverse. Todo volvió a su ritmo como si no pasara nada. Nosotras nos fuimos a la pista, un cuadrado gigante de cemento en cada esquina una columna de metal que sostenía unas vigas de la que colgaba una bola gigante de disco y alrededor cuatro gotas enormes del mismo material que la bola de disco.
Nos apretujamos por ahí y comenzamos a bailar... Mi primo no le veía por ningún lado... Tampoco es que me molestara. Apareció al rato abrazado a una botella de Frizze y ya algo mamado... Seguimos bailando casi sin interrupción, al menos que fuéramos al baño o a comprar más bebida.
En un momento en que bailábamos en ronda y sonaba cuarteto a full... Un pibe que pasaba por ahí intento sacar a bailar a alguien de nuestro grupo, pero las chicas no le daban ni la hora... Resulta ser que una “muy amiga” me empujo a mi... y bueno me puse a bailar con el... Bailábamos todo bien, hasta que les oí decirle “Guarda que el de allá es su primo”... Dios mío como me habré reído... Pobre pibe... Miro a mi primo, que para aclarar es un mastodonte... “Yo no... Yo solo bailaba...” y salió pitando...
Es resto siguió normal... Nos reímos, bailamos... y cinco y media pasadas cuando ya empezaba a clarear y se veían las caras de muertos de todos, decidí irme... Estaba más que muerta... Vale aclarar, que ese día habían llegado mis viejos a la casa de mis abuelos y yo no sé si estaba emocionada de verlos, pero me había despertado siete y media de la mañana para no dormir más en todo el día... Así qué después de 22 horas despierta... cuando llegué a casa me tiré en un colchón y no existí mas...
Me desperté de nuevo a las 12 del mediodía cuando mi mamá me dijo que fuera a comer... Comí como un zombi...y luego a dormir de nuevo... Cuando volví a reaccionar eran las 19 y 40... Habrá sido demoledor pero valió la pena... El año que viene lo repito de nuevo...