miércoles, 15 de febrero de 2012

Te quedaste (San Valentin atrasado)




Sus besos. Mis labios atrapados por los suyos. Su suavidad, su dulzura.
Me dejé caer en la única butaca que quedaba en la sala, mientras escuchaba el silencio de la casa. Nada se movía. Me acurruqué y suspiré.

— No, Matt —reí mientras corría para alejarme de sus brazos, pero no logré escapar—. Eres un tramposo, tienes las piernas más largas.
— La próxima te daré ventaja —me guiñó un ojo antes de opacar mi risa con sus besos.

Acomodé mi cabello detrás de la oreja y visualice todo lo que ya no estaba. Cerré los ojos, para ver los suyos. Azules... Profundos... Con vida propia, que me hablaban... Me contaban sus sueños, sus secretos.
Aun con los ojos cerrados no pude evitar que una lágrima se escapara y terminara colgando de mi nariz.

— La tengo —dijo cuando la atrapó con su dedo— La lágrima de mi ángel, lo que le faltaba a esta poción amorosa.
— Zonzo —dejé escapar una risita.
— No he oído tu respuesta, solo lloriqueos —volvió a bromear seguro de sí mismo.
— ¿Y si es un “no”? —quería verlo rabiar.
— Tomaré mi orgullo, el anillo y me marcharé de aquí —declaró completamente serio.
— Tienes suerte... ¡es un “si”! —le sonreí— Si quiero ser tu esposa y si quiero ese anillo.

Abrí los ojos. El anillo aún brillaba a pesar de haber estado guardado algún tiempo. Me lo coloqué en su lugar y sonreí al sentir su familiar peso.

— ¡Te amo, Matt! —grité cuando me posó sobre la cama.
— Yo también te amo, Loo —me susurró al oído mientras sus manos recorrían mi cintura.
Me acarició los muslos por debajo del camisón. No me permite moverme. Me consiente, me mima... Me ama.

Acaricié el tapizado de la butaca. Me recuerda a él, hasta soy capaz de oír como pasaba las páginas del periódico al volver del trabajo.

La puerta se cerró y sabía que él había vuelto, pero seguí cocinando.
— ¿Loo? ¿Quieres venir a la sala? —se le escuchaba tan alegre.
Me limpié las manos en el delantal y luego de bajar al mínimo la salsa acudí a su llamado.
— Me había dicho el otro día que querías comenzar a conformar una familia —escondía algo detrás de sí sobre su butaca preferida— y bueno, encontré nuestro primer paso.
Se apartó y solté una exclamación. Sentado en el sillón había un cachorrito blanco de dálmata.
— Oh, Matt, es precioso —lo alcé y me saludo a lengüetazos.
— Él es Soho, nuestro primer hijo —le acarició la cabecita al perro.

Tenía que irme, pero me resultaba doloroso salir  por esa puerta sabiendo que no volvería más a mi casa. Nuestra casa. Los momentos felices allí eran tantos.

— Llamémosle Codie —sugerí acariciando mi vientre apenas abultado.
— ¿Y si es niña? —me planteó y yo me encogí de hombros, quería que él lo escogiera— A mí me gusta Raven.
— Entonces, si eres niño te llamaras Codie y sino Raven —le expliqué al hijo que crecía en mi interior— ¿Te gustan? Oh, Matt, acaba de patearme...
Él apoyó su oreja sobre la piel de mi abdomen y sus ojos se humedecieron al sentir a nuestro hijo.

— Loo, cariño —su voz llegó desde la entrada y pronto apareció en la sala—. Aquí estas. ¿Vamos? Raven te está reclamando y no quiere saber nada conmigo. Creo que me odia.
— No seas exagerado, Nate — rodé los ojos a la vez que me levantaba de la butaca—. Solo tiene dos años, es obvio que necesita más de mí que de ti. Además a ti te quiere para jugar y dijo tu nombre antes que el mío.
— Tiene razón —me tomó de la cintura y beso mi frente.
— Me la llevaré —le comuniqué resuelta.
— ¿Segura? ¿No te recordará mucho a él? —cuestionó desconfiado.
— ¿Celoso, Nate? —me le burlé— No, amor. Solo es un recuerdo de la lo feliz que fui en esta casa y de lo feliz que soy contigo. Tuve suerte... amé y amo a dos hombres maravillosos...
— Ok, la llevaré al camión —agarró la butaca y fue a la salida— ¡No tardes!

— ¿Es su primera vez aquí? —me volteé a ver quién me hablaba y tuve que admitir que era muy guapo.
— Si, mi amiga me trajo casi a la fuerza —retorcí mis manos, nerviosa.
— ¡Que coincidencia! —sonrió con complicidad— Mi hermana me arrastró hasta aquí. Pretende encontrar novio.
— Mi amiga también —le devolví la sonrisa más relajada.
— Me llamo Nate —extendió su mano izquierda para saludarme.
— Loo —se la estreché.
— ¿Casada? —arrugó el entrecejo mientras miraba el anillo en mi dedo anular— ¿Qué hace una mujer casada en un bar de solos y solas?
— Viuda —le corregí un poco shockeada.
— Lo lamento —se apresuró a disculparse.
— Fue hace año y medio, pero aún no soy capaz de quitármelo —no tenía la menor idea de por qué le confesaba eso a un extraño.
— Te entiendo —miró la pista de baile y luego a mí—. ¿Vienes?

Nunca lamente haber dicho que si en aquel entonces. Me quité el anillo de compromiso de Matt y volví a colocarme la argolla de matrimonio de Nate.
— Te amo, Matt —le murmuré a la casa—. Me voy, pero Raven y yo siempre te llevaremos aquí —me señale el corazón.
Salí de la casa, cerré con llave y miré con nostalgia el cartel de “Se vende”.
— Ma... —Raven corrió hacia mi encuentro y la alcé en el aire para besarle la mejilla.
La lleve al auto y la senté en su sillita de bebé antes de ubicarme del lado del copiloto. Enseguida Nate estuvo tras el volante.
— Bien, mis mujercitas, vamos a la nueva casa —dijo alegre pero se puso serio al sentir mi turbación—. Todo estará bien, Loo.
— Lo sé, pero hay tanto recuerdos aquí —respondí lagrimeando otra vez.

— Lamento venir tan tarde —Nate hablaba rápido y entrecruzado. En los cinco meses que llevábamos saliendo jamás lo había visto así—. Tal vez debí esperar a vernos el jueves, pero tres días se me hacían eternos...
— Pasa —le cedí espacio y él entró con rapidez.
— Yo... Hola, Raven... — le sonrió a mi hija que apareció con pasitos tambaleantes. Antes que se cayera la levanto en brazos— Esta hermosa, nena —le dio un beso en la mejilla y luego volvió a mi—. Te decía... Yo quiero casarme contigo, hacerme cargo de ti, de Raven... hasta de Soho... Yo... Sabes que te amo...
— No sé qué decirte —de pronto los roles se habían invertido y era yo la nerviosa.
— ¿Me amas?
— Si, te amo...
— ¿Entonces?
— Tengo miedo —admití.
— ¿Y yo no? —se rió— Pero se trata de eso... de arriesgarnos por algo que promete ser mil veces más bueno que malo —miró a mi hija con ternura— Rave... convence a tu madre...
— ¡Papá! —balbuceó mi niña abrazando a Nate.

Aspiré hondo y miré a mi marido.
— Nate, hay algo que tengo que confesarte —sentía mis manos temblar.
— ¿Qué? —frunció el entrecejo.
— Estoy embarazada... —esperé por su reacción, pues nunca habíamos hablado de tener más hijos.
— Oh, mi Dios... —soltó de repente y detuvo el auto en la banquina— Dios mío, Loo... ¿Estás segura?
— Si, fui a ver a mi médica —le confesé.
— Raven siempre va ser mi princesa —aseguró mirándola—, pero... un hijo mió y tuyo... ¡Dios! ¡Gracias, Loo!
Me tomó el rostro entre sus grandes manso y me beso con amor.
— No puedo ser más feliz que ahora —exclamó poniendo el auto en marcha otra vez.
— Ni yo —sonreí. “Gracias, Matt... Por amarme, por darme a Raven, por quedarte conmigo y por permitirme seguir adelante sin ti. Siempre te amare.” —Te amo mucho.
— Yo también, Loo... Los amo a los tres, a ti, a Rave y a nuestro pequeñín... —Nate dejo que su mano se posara sobre mi vientre plano y me sonrió feliz.

1 comentario:

  1. Hola wapa!, vengo a avistarte que ya comenzaron las votaciones en la categoría "Mejor Historia".

    Te recomiendo k des el aviso para que la gente se pase x el club a votarte.

    Mientras, te deseo un buen Martes y mucha suerte con el concurso, muak!!!

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