miércoles, 27 de junio de 2012

Sublime semejanza... Cap. 7


Lizzie
Sus labios, sus dulces labios junto a los míos. Si me iba a morir en ese instante agradecía haber probado aunque sea un beso suyo. Me dejé llevar por el peso de las sombras que me empujaban a la inconsciencia con felicidad.
Un dolor agudo en el vientre, me hizo abrir los ojos con un gemido. Con dificultad enfoqué el lugar donde me hallaba, comencé a distinguir paredes blancas, cortinas celestes… Un pitido constante me mantenía alerta. Miré a un lado y pude ver que estaba conectada a un holter que marcaba los latidos de mi corazón, un suero goteaba a través de un tubo a mi muñeca donde la aguja se introducía en mis venas y otro tubo me proveía de oxígeno.
 Parpadeé con impaciencia. No había nadie a mí alrededor. Solo yo en aquella sala blanca. Mire a ambos lados no había nada con que lo cual llamar a alguien. Me sentía sola. De pronto la puerta se abrió y, como respondiendo a mis suplicas, unos ojos ámbar se asomaron por el borde. Sonreí cuando Maximilian ingresó en la habitación.
Estás consciente dijo sonriendo a su vez.
Si respondí mientras él se acercaba a mi cama.
Menudo susto me has dado se sentó a mi lado haciendo que el colchón se hundiera.
Me erguí con una mueca de dolor y Maxi se removió inquieto sin saber cómo ayudarme. Negué con la cabeza y él se quedo quieto. Con un movimiento rápido me quité el tubo del oxígeno, para poder hablar mejor.
¿Toni? pregunté intrigada por su paradero.
Se fue a su casa en cuanto llegamos al hospital había puesto la mirada seria No dio explicaciones, solo se metió en un taxi y se fue.
Mejor así me sentí aliviada con las palabras de Maxi. Para nosotras era mejor no estar juntas, pero a juzgar por la su cara, él no lo comprendía.
¿Tu y ella…? se rasco la barbilla dubitativo.
¿Si?
¿…se llevan mal?
No, en realidad todo lo contrario me encogí de hombros. Por ello me alegra que se haya ido. A mi lado solo correrá peligro.
Por cierto… comenzó frunciendo el entrecejo. ¿Qué te sucedió?
Bueno… es una larga historia me rehusaba completamente a meterlo en todo esto. Maxi me miró esperando que continuase, pero yo intenté evadir el tema. ¿Y los demás? ¿Tod y Phil?
Anduvieron por aquí algunas horas, cuando aún estabas inconsciente parecía haber picado el anzuelo. Se marcharon hará cosa de una hora, dijeron que tenían unos recados que hacer, pero que luego volvían.
Aja, bien me mantuve seria a pesar del escalofrío que me recorrió la columna vertebral al pensar en lo que estarían haciendo mis dos amigos.
Phil debía de estar echando humo, pues era consciente que me quería con locura y para él yo era su niña; y Tod era mi mejor amigo, mi sobre protector y burlón amigo.  Yo les amaba como si fueran mi familia de sangre, no permitiría que ese ser diabólico se metiera con ellos, menos por mi culpa.
Deslicé mis pies fuera de la cama y los apoye en el frío suelo. Maxi, con grandes reflejos, me tomó del brazo antes de que terminara de bajarme.
¿A dónde vas? me preguntó precavido.
Al baño le dije sonriendo más de lo necesario, no era una buena actriz, y luego le guiñé un ojo. Ya vuelvo.
Me le acerqué llevada por un impulso y rocé sus labios con los míos en un beso fugaz. Necesitaba fuerza y valor para lo que quería hacer. Luego me alejé, viendo como quedaba encantado con mi repentina muestra de cariño. Arrastré el suero hacia el baño, mientras mi mente buscaba la forma de salir si ser vista. Además debía buscar ropa, pues solo llevaba una bata de hospital.
Cerré la puerta del baño y me senté en el borde de la bañera que había allí. Miré mi muñeca y con suma delicadeza saqué de mi piel la aguja del suero. Escuché a Maxi caminar al otro lado de la puerta y me dolió saber que tendría que alejarme de él. Debía asegurarme que él no quedara comprometido en nada.
Busqué una salida con la mirada, hasta dar con una ventana a unos dos metros del suelo. Era lo suficientemente grande como para que pasase mi pequeña figura. Me arrimé a ella y de un salto me tome del borde. Mordí mi labio inferior con fuerza para no gritar cuando sentí como los puntos que tenía en mi estómago tiraban. Al fin con un poco mas de esfuerzo logré llegar al otro lado.
Afortunadamente nos encontrábamos en la planta baja, porque de no ser así la caída me hubiese matado. Me limpie las rodillas al tiempo que me ponía en marcha. Volví a mirar la ventana con cierta tristeza y luego corrí calle arriba.

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