martes, 22 de enero de 2013

Segundo relato 2° Aniversario


Quédate conmigo.

Aun nos falta mucho por andar
Los dos aprender hablar con la verdad
Un tropiezo es una prueba a nuestro amor
Superarlo sería lo mejor

Mi sangre corría por cuerpo como un río vertiginoso de lava, quemándome las entrañas. Los celos me carcomían con fuerza y yo no dejaba de darle vueltas a la conversación que había escuchado que tenía mi compañero de trabajo con su chica del mes.
La tonta policía había llegado a la hora del almuerzo para besuquearse con su él y darle el resumen de los chismes de su comisaria.
¿A que no sabes a quién han puesto en las oficinas? le dijo con ella con su voz chillona, la cual pude escuchar desde mi lugar a varios metros de allí A la oficial Isla, la muy perfectita esta ahora tras un escritorio... Lástima que solo sea porque está embarazada de tres meses y no porque se halla equivocado, pero me conformo por verla los siguientes seis meses pudriéndose de aburrimiento sonrió asquerosamente, mientras yo no estaba muy seguro de si había entendido bien sus palabras. Sabes que yo no soy nada cercana a esa tonta... aún así, ni con lo chismosas que son las internas, escuche de algún novio de ella. Para mí, el padre es José Williams, pues se la pasa yendo a verla, la saca a almorzar y le compra flores... puso los ojos en blanco... Ay, caramelito ¿Cuándo me compraras flores?
Ella siguió hablando, pero yo ya había escuchado todo lo que quería... Y esas eran las palabras que aun me atormentaban. ¿Somara estaba embarazada? ¿Sale con José? Mis puños se cerraron con fuerza. José era mi amigo. No seas hipócrita, tú la dejaste. Si tenía ya tres meses, significaba que ya estaba embarazada cuando me fui. Maldito hijo de puta, si ese bebé es mío no me lo quitarás. ¿Pero y si de verdad era de él? No, Somara no podía haberme engañado.

Si me extrañas regresa aquí a mi lado
No digas nada tan solo ven y entrégate
Despiértame de esta locura

Me encontraba en uno de los flancos izquierdos del salón, enfundada en mi uniforme, alegre de dejar por alguna hora el escritorio para hacer algo fuera. Mi hermano y José eran demasiado sobreprotectores conmigo, ser guarda en una gala de beneficencia no iba a hacerme ningún mal a mí ni al bebé, es mas lograría quitarme algo del aburrimiento que me invadía. Aún así, ninguno de los dos lo sabía, para ellos yo estaba en casa de una amiga. Una pequeña mentirita.
Somi, no me esperaba verte por aquí la voz de Paula me saltar del susto.
¿Por qué no? le cuestioné temiendo que supiera algo.
Creí que no te gustaban este tipo de espectáculos ella me sonrió con amabilidad y yo pude respirar tranquila.
Si, pero el trabajo es el trabajo miré alrededor como vigilando, aunque el motivo principal era no encontrarme con sus ojos, mi ex suegra podía ser muy perceptiva y yo muy legible. ¿Anda Cristian contigo?
Si, ya sabes como es mi marido, ya me ha abandonado por un par de colegas bromeó y no pude evitar embozar una sonrisa, que se desvaneció en cuanto fije la vista en las figuras que caminaba hacia nosotras.
Cristian, venía en busca de su esposa, pero a mi él no me preocupa, sino quien venía a su lado. Su hijo llevaba un traje oscuro que acentuaba el gris de sus ojos y combinaba muy bien con su cabello oscuro. Inevitablemente, nuestras miradas se cruzaron. Alejandro parecía sorprendido de verme allí y yo me reprendía, por no pensar que la familia Conté iría a ese tipo de eventos.
Mientras más se acercaba mi ex, mis malestares aumentaban. No me sentía ni física ni mentalmente preparada para enfrentarme a él, después de que me dejara. Sentí que lo ojos se me humedecían y se me formó un nudo en el estómago.

Quédate conmigo
en tus ojos me quiero encontrar
llenarte de felicidad
y junto a ti ganar.
Quédate conmigo,
vamos de la mano a caminar.
Yo no te soltare jamás.
Volvamos a empezar.

Mi celular vibró en la mesa de noche, con rapidez lo cogí antes de que despertara a Ale que dormía plácidamente a mi lado. Habían saltado las alarmas de uno de los bancos más grandes de la ciudad y necesitaban a todos los efectivos posibles patrullando por la ciudad en busca de los ladrones.
Me levanté sin hacer ruido y fui al baño a alistarme. Cuando terminé, fui buscar mi anillo de compromiso, que reposaba en su cajita de terciopelo rojo, y me lo coloqué como mi amuleto de buena suerte. Estaba por irme cuando la mano de Ale me aprisionó la muñeca.
Somi...
Es muy temprano, cariño... Tengo que ir al trabajo, vuelve a dormir me le acerqué para besarle los labios, pero él me corrió el rostro ¿Qué pasa?
No vayas...
No me hagas esto, Ale le rogué con paciencia. Ya hablamos de esto. Es mi trabajo. Vamos suéltame, José vendrá en unos minutos a buscarme.
No jaló de mí y caí en la cama sobre su cuerpo. Yo puedo mantenernos a ambos. No vas a trabajar más.
Alejandro, suéltame... ya me había enojado En serio, ya viene José y me voy a ir a hacer mi trabajo te guste o no. No voy a quedarme toda mi vida dentro de una casa.
Si, si yo lo digo... aseguró él muy pagado de sí mismo.
Eso hay que verlo le escupí francamente fastidiada de su actitud y logré soltarme de su agarre para caminar a la puerta. No soy de tu propiedad, soy tu prometida, somos iguales... Si no lo entiendes...
No terminé la frase y me largué de allí, justo en el momento que la bocina de la patrulla sonaba fuera de la casa.
Volví, seis horas después, ya mucho más tranquila y con ganas de hacer las paces con mí novio. Pero la casa estaba vacía, él no estaba allí ni sus cosas y una nota me espera en la cocina.

Lo siento, pero me cansé de ser el único que lo da todo por esta relación.
Parece ser que finalmente no somos compatibles.
Adiós.
Alejandro.

Las lágrimas rodaron por mis mejillas, a la vez que estrellaba un florero contra el suelo. Él no podía dejarme, no cuando faltaba dos meses para boda.

No es fácil hoy dejar el miedo atrás.
Sentir nuestro amor.
Arriesgarnos de verdad.
Mucho tiempo nos tomo llegar aquí.
Pero amarte es todo para mí.

Somara, la bella mujer estaba parada al lado de mamá con su uniforme de servicio. Me sorprendió verla allí, tal vez el destino me daba una oportunidad de averiguar qué sucedía entre nosotros. Ella me miró angustiada y pude notar que sus ojos se llenaban de lágrimas sin derramar.
Aquí estas, amor papá agarró a ma de la cintura y la beso en los labios. Buenas noches, Somara.
Bu... buenas noches, Cristian sentí que la voz de ella le temblaba mientras saluda a mi padres sin dejar de mirarme a mí, como si vigilara mis movimientos.
Hola, Somara le dije y traté de sonreírle, ella desvió la vista temblando.
— Linda, ¿te encuentra bien? —pregunto mi madre, poniendo mis dudas en palabras— Te veo demasiado pálida.
— Solo necesito ir al baño —dijo ella en un murmulló y se dio la vuelta para ir hacia allí.
Mi corazón dio un salto para empezar a latir erráticamente, cuando ella se desplomó en el suelo sin aviso y ante mis ojos. Corrí hacia ella, desesperado por saber que había sucedido.
— No la toques —me dijo mi padre, quien comenzó a comportarse como un medico—. Primero deja que la vea —Cristian se acercó a Somara y le tomó el pulso, mientras yo estaba al borde de un colapso nervioso—. Tranquilo hijo, solo se ha desmayado.
Suspiré audiblemente y vi de reojo que mamá sonreía con picardía. Decidí no hacerle caso, me acerqué a Somara y la alcé en brazos para llevarla a uno de los salones que quedaban pegados al lugar del evento, todo con permiso del médico.
Sentir su cuerpo delgado contra el mío fue un alivio para mí después de esos meses sin tenerla cerca. La deposité en un sillón y sin querer abandonarla, tomé su mano con mía. Con la otra le acaricie el rostro, acomodando los cabellos rubios que le caía sobre la frente de manera desordenada.
De pronto, ella gimió en voz baja y abrió los ojos desorientada.

Si me extrañas abrázame más fuerte.
No digas nada.
Tan solo ven y entrégate.
Despiértame de esta locura.

Alejandro sostenía una de mis manos, mientras acunaba mi rostro con la otra. Me miraba ansioso. Miré alrededor y descubrí que ya no estaba en el salón de baile, sino en un cuarto adjunto a este.
¿Qué sucedió? no quería hablarle a él pero me impelía la necesidad de saber.
Te desmayaste, Somi dijo él con ternura. Nos diste un buen susto.
Lo lamento, discúlpame con tus padres me liberé de su mano y quise erguirme, pero un dolor intenso me recorrió la cabeza, que me hizo jadear.
Despacio, te has dado un golpe fuerte.
Alejandro déjame en paz le espeté ansiado que desapareciera, pero igualmente me erguí despacio, saqué mi móvil de uno de los bolsillos de mi pantalón y marqué. ¿José? Estoy bien, solo necesito que me vengas a buscar... ante la mirada feroz de Alejandro le dije a mi amigo donde estaba, quería largarme de allí... No lo quería cerca mi bebé.
Somara, yo puedo llevarte a tu casa.
No, José viene por mí. Sigue con tu fiesta...
Deja de decir tonterías, niña... me regaño enojado. ¿Por qué eres tan terca? Acaso quieres dañar al be...
Se detuvo antes de decir la palabra completa, pero eso no impidió que supiera lo que iba a decir. Contuve el aire durante algunos segundos y cuando lo solté, rompí a llorar. Él lo sabía... ¿Cómo se había enterado?
¿Por qué no me lo dijiste? cuestionó poniéndose de pie.
Porque no tienes nada que saber en medio de mis lágrimas aún seguía furiosa con él.
Alejandro cerró los puños e iba contestarme cuando la puerta se abrió y entró Cristian seguido de José.

Quédate conmigo,
en tus ojos me quiero encontrar
llenarte de felicidad
y junto a ti ganar
Quédate conmigo,
vamos de la mano a caminar.
Yo no te soltare jamás
Volvamos a empezar

Mi padre le preguntó a Somara como se sentía, mas ella no le respondió solo se levantó y corrió a los brazos del que una vez había sido mi amigo. La vi llorar sobre su hombro con tristeza.
Ya lo sabe, ¿no? José me miraba con suficiencia y yo quería matarlo en ese mismo instante Te doy un consejo, si no vas a hacerle ningún bien, deja que yo me encargué de ella y del bebé.
No estoy hablando contigo... rugí entre dientes Somara, dime de quien es...
Ella jadeó y él la abrazo más fuerte entre sus brazos.
¿Qué se supone que insinúas?
Ya te dije que no hablo contigo, Williams.
Bien... Como quieras José miró a ella. No tienes que soportar todo esto Somi. Vamos.
Le rodeó los hombros con el brazo y la llevó hacía la puerta.
Ella no se va hasta que me conteste los frené enfurecido.
Alejandro Cristian que aún estaba a un costado llamo mi atención. Deja que se marche, tanta conmoción puede hacerle mal.
Miré a mi padre con rabia, pero finalmente suspiré y salí de la habitación.

A veces no nos entendemos
y en la impaciencia nos perdemos
Muy rápido quisiéramos volar.
No es tan difícil acercarnos
y en lo que amamos de los dos perdernos.
Ven aquí, despiértame de esta locura

Ni siquiera cuando vi a Alejandro salir de la habitación hecho una furia me quedé tranquila. Sabía que él no dejaría las cosas así que me buscaría. Como lo temía, a una semana de habernos reencontrado apareció en mi departamento. Me encontraba mejor, había tenido tiempo de meditar mi posición. Yo no lo quería a mi lado, no por pena o por compromiso. Él no me amaba y eso estaba más que claro, si dudaba de mí.
Hola, Somara... aún estando tan segura de lo que quería no pude evitar que todo mi cuerpo se estremeciera al verlo parado en mi puerta. Vine porque tenemos que hablar.
Lo sé. Pasa lo invité a pasar y él lo hizo, aunque parecía un poco incomodo en ese lugar que habíamos compartido como pareja. ¿Quieres un café?
¿Por qué?
Mm... arrugué el entrecejo Trato de ser amable...
No frustrado sacudió la cabeza. ¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada?
— Mira... Me enteré de mi estado una semana después de que te fueras. No puedes esperar que corriera a contártelo. Yo estaba tan enojada contigo. Además, tenía que esperar que pasaran los meses de riesgo —me senté en mi sofá y dejé caer mi cabeza entre mis manos—. Tú no sabes lo que fueron estos meses para mí. Amo a este bebé, Alejandro, porque es tuyo y es mío. Pero no te quiero ni en su vida ni en la mía...
— No puedes alejarme de mi hijo —negó él como si eso lo aterrorizara.
— ¿Ahora si crees que es tuyo? —lo miré con lágrimas en los ojos— ¿Cómo pudiste pensar que ten engañaba con tu amigo? ¿Acaso no me conoces? ¿No sabes cuanto te amaba?
— Soy un idiota, Somara... La otra noche hablaron mis celos, no yo —se sentó a mi lado y tomó mis manos—. Me dolía tanto comprobar que era verdad que estabas embarazada y que no me lo habías dicho, que dije cosas que no quise.
— No puedes dejarme dos meses antes de nuestra boda y esperar que te mantenga al tanto de lo que me pasa, Alejandro. Y no me mires así. Sé que tienes tanto derecho sobre este bebé como yo, pero recuerda que tú te fuiste solo.

Quédate conmigo
 en tus ojos me quiero encontrar
llenarte de felicidad
y junto a ti ganar
Quédate conmigo,
vamos de la mano a caminar.
Yo no te soltare jamás
Volvamos a empezar

Veía como las lágrimas caían por el rostro de Somara y cada una era un puñal en mi corazón al saber que yo era el culpable de ellas. ¡Dios! ¿Cómo pude haberle hecho tanto daño? Le acaricié el rostro secándolo. Y ella tembló ante el contacto de mis dedos.
Somara... ella levantó la vista y me miró a los ojos Recién dijiste que me amabas, ¿ya no lo haces?
Ella alejó mis manos de su rostro y tomó distancia al ponerse de pie.
No sé de que serviría mi respuesta...
Tan solo contestas, Somi le rogué con miedo a que hubiera sido demasiado, a que ella ya no me quisiera para nada. ¿Ya no me amas?
Somara gimió angustiadamente y asintió sollozando compulsivamente.
— No puedo dejar de amarte por mucho que lo intente, por nuestro hijo que llevo en mi vientre y porque en el fondo no quiero hacerlo, Ale —me dijo ella y yo sonreí—. Pero me has hecho mucho daño...
No...no...no... me puse de pie de un salto temblando de terror Por favor, Somara. No me digas que es todo. No me digas que ya no hay vuelta atrás. Te amo... Cometí mil errores, pero no puedo perderte... Me fui porque creía que tu ya no me querías a tu lado... Me dijiste que si no lo aceptaba...
Sé lo que dije, pero no fue enserio ella frunció la boca. No puedes echarme toda la culpa a mí.
No lo hago, Somi, pero no me abandones... me arrodillé frente a ella desesperado por no perderla Quédate conmigo. Te prometo que ya no soltaré tu mano, que juntos afrontaremos cada piedra en el camino. Quiero que seamos una familia, quiero ser tu marido y el padre de nuestro hijo... ¡Dios! Volvamos a empezar... Te prometo que cambiaré.
No se trata de cambiar, Ale Somara negó.
¿Significa eso que no?
No, significa que te amo como eres dijo ella arrodillándose al frente de mi y tomando mi rostro entre sus manos. Nos amoldaremos al otro, te prometo que pondré de mi parte, amor.
Me abrazó llorando y yo me aferré a su cuerpo feliz de tenerla de nuevo en mis brazos. Había extrañado su olor, su calidez, su voz... Por fin parecía despertar de esta locura. La besé en los labios y luego en el vientre, alegre de escuchar su risa. Ahora todo era perfecto.


martes, 8 de enero de 2013

Premio....



Este premio me lo dio Lourdes, del blog Los ojos de Douglas Craig... Gracias, nena... Se que te debo la lectura de tu nueva novela, ya me pondré. Te lo prometo.
Bueno, las reglas...


Debo:

A- Agradecer a la persona que lo ha otorgado y poner el enlace de su blog.

B- Dar el premio a 15 blogs que me gusten. 

C- Compartir con vosotros 7 cosas sobre mi.

D- Dejar un mensaje en cada blog diciéndoles que les has otorgado el premio.


A- Ya le agradecí a Lourdes, pero lo hago de nuevo. ¡Gracias por este premio, linda!

B- Uff... Creo que pondré algunos pero no sé si llego a 15 jeje...

Mis nominados:





Y no se me ocurrén mas pero que lo agarre cualquiera de mis seguidoras que tenga blog... Porque estoy segura que son todos lindos, jeje...

C- Eso si lo alcanzo... Ahí van mis 7 cosas...

1) Soy gruñona por la mañanas siempre, al menos por cinco minutos.... Si me hablas te muerdo jaja...
2) No he tenido novio nunca, hasta ahora.
3) Este año comienzo la universidad y estoy super ansiosa...
4) Soy muy paranoica a veces, pero no lo demuestro...
5) Este 2012 que paso me lleve dos sustos enorme, uno cuando mi amiga del alma me dijo que tenían que internarla y el otro cuando robaron y golpearon a mi hermanito... A ambos los amo, y me muero si algo les pasa...
6) Me he visto la peli Perdona si te llamo amor, al menos unas 20 veces...
7) Soy fanática del anime y de las novelas rosas... :P

D- Hecho...


Primer relato 2° Aniversario


Bajo la lluvia

Y te vi bailar bajo la lluvia
y saltar sobre un charco de estrellas
Te vi bailar bajo la lluvia
Esperando la luna llena

Sorbí un poco de té del vaso de plástico que tenía en la mano e hice una mueca al notar lo frío que estaba. Llevaba más de diez minutos estirando mí reducido descanso, evitando entrar demasiado pronto al hospital. Las enfermeras estaban revolucionadas por la muerte de un paciente y aprovechaban su llanto para intentar seducirme, pero a mí no me llamaban la atención, más bien fastidiaban. Yo estaba allí para hacer mi trabajo, no para coquetear.
Mi móvil vibró en mi bolsillo sobresaltándome. Lo tomé y miré el mensaje de Nicolás, mi compañero de trabajo, con una sonrisa asomándose a mis labios. “Vuelve aquí, no podrás escapar eternamente.” Él tenía razón. Observé la lluvia que caía desde debajo del alero de la entrada del hospital.
Estaba a punto de volver a entrar cuando vi a una joven bailar bajo la lluvia. Literalmente bailaba, movía sus brazos y sus pies como una experta, parándose de puntillas daba pasos certeros, sin vacilación alguna. Me sorprendió que no le importara estar empapada de pies a cabeza.
Pequeña y delgada, de cabello ondulado color negro que le caía hasta la cintura aplastado por el agua. No pude resistirme y me le fui acercando sin dejar de seguir sus pasos con mi mirada. Me detuve a una distancia considerable desde la que podía verla a la perfección, sin ser detectado. Su rostro anguloso, constituido por facciones firmes, me recordaba a un hada, de esas que uno escucha en cuentos o ve en películas infantiles.
Tenía los ojos cerrados como si estuviera inmersa en su baile. Me sentí incapaz de alejar mi vista de ella y de pronto también a mi dejo de importarme que la lluvia me mojase. Era ridículo, pues era casi seguro que la joven no alcanzaba la mayoría de edad, pero no lo tenía en cuenta mientras contemplaba su figura más dulce y sensual con cada movimiento.
De a poco el baile se fue haciendo cada vez más lento, hasta que se detuvo quedándose en pie aún con los ojos cerrados. Inesperadamente se tapó el rostro con las manos y cayó de rodillas sobre la acera convulsionando presa del llanto. Desesperado por saber que el pasaba y sin pesarlo ni un mínimo segundo, corrí hasta ella.
Señorita, ¿se encuentra bien? pregunté acuclillándome frente a ella.
La joven se destapó el rostro, me miró con sus orbes miel, húmedos por una mescla de lágrimas y lluvia, y negó con la cabeza, casi imperceptiblemente.
¿Le duele algo? mi parte médica la fue chequeando. Al parecer exteriormente se encontraba bien, pero no podía estar seguro que no hubiese daño en el interior ¿Estas herida?
Volvió a negar y me sentí un poco aliviado. Aunque me seguían preocupando sus ojos húmedos.
¿Por qué lloras? le tomé de la barbilla y con suavidad la obligué a ponerse de pie.
He perdido lo que más quería en esta vida sollozó cerrado los ojos fuertemente. No pude disfrutar de él y ahora ya no está más…
El llanto le imposibilitó seguir hablando. La vi tan vulnerable, tan sola y la envolví con mis brazos, dejando que llorase contra mi pecho. Con paciencia logré ponernos a resguardo de la lluvia, y mientras ella aún se apretaba a mi cuerpo, hice una llamada a Nicolás para que me cubriera esa noche, no iba a dejarla sola.
Alcé a la bailarina en el aire, para transitar con rapidez bajo la lluvia. Sin que ella protestara, la llevé a mi auto y la deposité en el asiento del copiloto, busqué una de las mantas que llevaba siempre en mi baúl junto al botiquín de primeros auxilios y cubrí a la joven con ella para que ya no tomase más frio.
Subí a mi puesto, frente al volante y no pude evitar echarle un ojo a mi acompañante antes de arrancar. Ella sostenía la manta a la altura de su mentón tiritando, casi congelada.
¿Puedo saber tu nombre?
Paula tartamudeó castañeando. Paula Eraldo.
Bien, Paula, soy Cristian Conte le sonreí. ¿Dónde queda tu casa?
No tengo casa ni a donde ir, no tengo a nadie gimió angustiada. Me siento tan perdida si él…
Sh…Sh… le acaricié la mejilla con dulzura Tranquila, nena, yo estoy aquí y no pienso abandonarte.
Gr…gracias esbozó una débil sonrisa antes de cerrar los ojos y dormirse agotada por el llanto.
Yo, por mi parte, manejé tranquilo sabiendo muy bien donde debía llevarla. Mientras recorría las calles me preguntaba, quién era ese a quien Paula había perdido y por qué era tan importante para ella. Idiota, me dije, cuando había detenido el auto en el estacionamiento de mi edificio. Seguramente había perdido a su pareja, el amor de su vida. Paula no tenía tiempo ni ganas para que alguien pensara en ella de forma romántica.
Abrí la puerta del copiloto e intentando no despertarla, volví a cogerla en brazos y caminé al ascensor. En cuanto llegué a la planta siete, no tuve más remedió que llamar a la puerta de mi casa, porque jamás sería capaz de buscar las llaves y abrir con la carga que llevaba.
Cristian mi ama de llaves me miró extrañada. ¿Quién es ella?
Hazme un favor, Elisa, déjame pasar y ahora te lo explico hice una mueca a la vez que tomé a Paula de mejor forma, para que no se me cayese.
Oh, sí. Lo lamento Elisa se corrió de la puerta y al fin pude ingresar.
Fui hasta mi habitación con rapidez, sintiendo los pasos de ella detrás. Meneé la cabeza, Elisa nunca cambiaría siempre tan preocupada por mí. Coloqué a Paula en mi cama, donde ella se acomodó dormida.
Elisa me volví hacia mi perseguidora. Préstale uno de tus camisones y quítale la ropa mojada antes que coja una gripe.
Si. ¿Qué le sucedió? ella miró a Paula dulcemente.
Sufrió una gran pérdida, pero sé que se repondrá —miré a la mujer que dormía en mi cama—. Te ayudaré a sonreír, bella hada —murmuré mas para mi mismo cuando Elisa salió de la habitación y con delicadeza corrí el oscuro cabello que le caía por la frente.

Volverás a reírte de veras
aunque creas que estamos perdidos
Volverás a reírte de veras
si te quedas conmigo

Me le acerqué despacio, manteniendo mis ojos fijos en los suyos. Le rocé los labios con la yema de mi dedo pulgar, disfrutando de su sorpresa. Sonreí, acortando aún más el espacio entre nuestros rostros hasta tal punto que pude sentir su aliento. Estaba seguro que iba a besarla, estaba seguro que ella sabía lo que pretendía.
No, Cristian musitó sin apartar la mirada de mí. No puedo.
Me alejé de ella enfadado, no con ella, si no conmigo mismo. ¿Cómo podía haber olvidado sus sentimientos, todo lo que ella acaba de pasar?
Lo lamento dije dándole la espalda. No pensé en ti. No quería abrumarte. Es solo que me gustas, me gustas mucho.
Pero no se puede a ella también parecía dolerle el hecho de que era imposible algo entre nosotros.
Si lo sé. Necesitas tiempo, no debe ser fácil asimilar que has perdido a tu pareja elegía cada palabra con sumo cuidado tratando de que me perdonara.
¿Mi pareja? contorsionó su bello rostro en una mueca. No sabía a qué me refería.
Me dijiste que había perdido a alguien a quien amabas mucho le recordé sus palabras. Que estabas perdida sin ÉL recalqué el él, para que viera lo que yo entendía de eso.
Ah… se mordió el labio inferior. Me malinterpretaste. Yo no perdí a mi pareja, perdí a mi bebé de unos meses de vida.
Ups… Siempre meto la pata apreté la mandíbula enfurecido. Lo lamento, debe de ser muy duro para ti dulcifiqué mi expresión. Entonces, ¿por qué no me dejas ayudarte con tu dolor? Si no te gusto, dímelo. No tengas miedo. Si es así, igualmente me gustaría ayudarte.
No, si me gustas esas palabras proviniendo de su boca me supieron a gloria. Solo que no me parece que esto esté bien.
¿Qué puede haber de malo en que te quiera? para mí lo que decía no tenía ni pies ni cabeza. No lo entiendo.
¿Y tu mujer? esa pregunta me descolocó por un segundo.
¿Te refieres a Elisa? en cuanto ella asintió sentí tal alivio, que comencé a reír tontamente. No debes preocuparte por ella volví a acercármele y la abracé con ternura riéndome en el hueco de su cuello. Ella no importa.
¿Cómo que no importa? preguntó ofendida y se apartó un poco de mi para mirarme cara a cara.
No, no importa. Ella no es mi esposa ni mi mujer ni nada parecido… Es mi ama de llaves.
Oh, Dios… Soy una tonta su rostro cobró un dulce tono escarlata. Es que yo creí… Los vi tan… Me siento muy tonta.
No eres tonta le dije aún estrechándola entre mis brazos. ¿El creerme casado era tu único impedimento para que te esté a tu lado?
Si bajo la mirada. Si era el único.
Entonces esta dicho, te quedas conmigo me sentía tan alegre que le besé la frente. Esta misma iremos a comprar las cosas para acondicionarte un cuarto.
Me regalo una sonrisa bella, que hizo que sus ojos dorados brillaran.

Y te vi bailar bajo la lluvia
te llevaste mi amor en vena
Te vi llorar bajo la lluvia
Quien te hubiera quitao la pena

¿Qué edad tienes, Paula?
Ambos caminábamos por las calles del pueblo. Me había pedido el día en el trabajo para pasar todo el día a su lado, pero no se lo había dicho a ella pues sabía que su alma caritativa se sentiría culpable de sacarme de mi rutina. Ella no sabía que habría vendido mi título medico solo por pasar algunas horas en su compañía.
Diecinueve me dijo sonrojada y bajo la cabeza.
¡Madre mía! murmuré, pero si la pasaba por una docena de años ¿Terminaste el colegio?
Si, me embaracé después de eso, fue en la universidad respondió Paula contándome más de lo que yo le había preguntado. Mis padres me dijeron que no volviera a casa si no me había desasido de mi bebé, el padre tampoco quiso saber de él y me vi sola, embarazada... Estuve en algunos refugios, en casa de alguna amiga, pero todo se volvió difícil cuando nació Mati... él era débil, era invierno y murió de neumonía una lágrima se deslizo por la mejilla de ella.
Lo lamento, nena entrelacé sus dedos en los míos. Yo estoy aquí para ti.
Observó nuestras manos unidas y, sonrojada, apoyó su frágil cuerpo contra mí, dejando su cabeza contra mi hombro. ¡Que el diablo me llevara! Esa niña me tenía enganchado con sus ojos.

Volverás a reírte de veras
aunque creas que estamos perdidos
Volverás a reírte de veras
si te quedas conmigo


Hacía alrededor de dos meses que Paula vivía conmigo y la casa se había vuelto más alegre. Me encantaba volver del trabajo y verla a ella cantando en la cocina, ayudando a Elisa con la comida. Mi ama de llaves se había vuelto como una madre para ella, la cuidaba en todo. Y fue ella quien se puso de mi lado cuando le dije a Paula que le ayudaría a terminar la universidad. Aunque primero se resistió, finalmente, logramos que confesara que soñaba con ser profesora de danza clásica.
La primera vez que te vi bailabas bajo la lluvia recordé tras su confesión. ¿Por qué?
Muchos escribe, otros cantas, a mi solo el baile me saca la tristeza los ojos le brillaron al hablar del baile. Iba a danza en la escuela y obtuve una beca para la universidad gracias a eso. Tenía talento, iba llegar al Ballet de Moscú, pero me embaracé... Ya no puedo aspirar a eso, pero quiero enseñar.
Puedes seguir aprendiendo y luego te ayudaré abrir una escuela de ballet le dije orgulloso de mi chica.
No puedo pedirte eso...
No te estoy preguntado le guiñe un ojo. Además eso no se hace de la nada, tendrás que esforzarte.
Esta bien, pero te pagaré por todo lo que me estás dando, Cris.
Soy yo el que está pagando tu presencia en mi vida sin resistirme le robe un beso de sus labios, dejándola alucinada y sonrojada.

Y Te vi bailar bajo la lluvia
Te limpié el corazón de arena
Tu sexo es carne de aceituna
de un olivo en la carretera.

Te llevo tantos años, mi hada susurré mientras la tenía entre mis brazos. Nos encontrábamos en mi cama amos enrollados en el otro, ella dormía y yo le acariciaba la espalda desnuda con suavidad.
No me importa, Cristian me besó el borde de la barbilla sobresaltándome.
Tienes tanta vida que seguir sin mí. Yo no puedo impedir que vivas tu juventud como mas te guste.
Hace demasiado que perdí mi juventud, Cris ella sonrió con ternura apretándose más contra mi cuerpo. Además, soy mayor de edad hace exactamente un minuto y yo decido con quien paso mi vida.
Miré el reloj, eran la medianoche pasada por un minuto. Mi niña cumplía veintiún años. Hacían más de dos años que ella había entrado en mi vida, pero solo hacía seis meses que salíamos como pareja. Yo con mis treinta y tres años, seguía pensado en que era un viejo para ella. Había intentado actuar solo como un benefactor en su vida, pero mi corazón y hasta ella misma rompieron mis planes.
Feliz cumpleaños, pequeña —besé su cuello, acariciando el resto de su cuerpo.
— No vas a deshacerte de nunca —rió como una niña pequeña que hace una travesura y se escapo de mi—, pero hoy tendrás que atraparme —y así desnuda como estaba salió corriendo.
Yo también reí y de un salto, salí tras ella. Esa niña era capaz de devolverme a mi juventud, me hacía olvidar que mi familia ya no estaba, llenaba mi soledad con su menudo cuerpo.

Volverás a reírte de veras
aunque creas que estamos perdidos
Volverás a reírte de veras
si te quedas conmigo

Apoyado en el marco de la puerta miraba a Paula revolotear alrededor de la cuna del bebé. Llevábamos cinco años juntos, casi tres de casados y solo dos días siendo una familia completa.
Ella iba y venía, canturreando una nana. Me daba gracia verla así como toda una madraza, pero sabía que tras esa fachada risueña y juguetona se escondía la mujer que tenía miedo que la vida le quitara de nuevo a un hijo.
Mi vida, si sigues mirando así a Ale lo ojearás me burlé de ella con ternura mientras la abrazaba por detrás.
Paula se giró en mis brazos y me miró con sus ojitos llenos de emociones. Era tan pequeña contra mi cuerpo, tan niña y mujer a la vez.
— Siento que si me alejo de él, le puede pasar algo —sollozó contra mi pecho.
Desde que habían salido del hospital, ella no había dejado a nuestro hijo ni un segundo solo.
— El no es Matías, Pau —me dirigió una mirada dolida y yo suspiré—. No quiero ser malo contigo, cariño, pero nuestro bebé, está sano, tuvo lo mejor desde que fue concebido. Te puedo asegurar que nada va a pasarle, palabra de médico, y que hasta va vivir más años que nosotros.
— Gracias por aguantarme, Cris —me besó el cuello suavemente y yo la apreté más contra mi cuerpo.
— No, gracias a ti por bancar a este viejo —tomé sus labios entre los míos—. Te amo, mi pequeña hada.
— Y yo a ti, Cris...