martes, 8 de enero de 2013

Primer relato 2° Aniversario


Bajo la lluvia

Y te vi bailar bajo la lluvia
y saltar sobre un charco de estrellas
Te vi bailar bajo la lluvia
Esperando la luna llena

Sorbí un poco de té del vaso de plástico que tenía en la mano e hice una mueca al notar lo frío que estaba. Llevaba más de diez minutos estirando mí reducido descanso, evitando entrar demasiado pronto al hospital. Las enfermeras estaban revolucionadas por la muerte de un paciente y aprovechaban su llanto para intentar seducirme, pero a mí no me llamaban la atención, más bien fastidiaban. Yo estaba allí para hacer mi trabajo, no para coquetear.
Mi móvil vibró en mi bolsillo sobresaltándome. Lo tomé y miré el mensaje de Nicolás, mi compañero de trabajo, con una sonrisa asomándose a mis labios. “Vuelve aquí, no podrás escapar eternamente.” Él tenía razón. Observé la lluvia que caía desde debajo del alero de la entrada del hospital.
Estaba a punto de volver a entrar cuando vi a una joven bailar bajo la lluvia. Literalmente bailaba, movía sus brazos y sus pies como una experta, parándose de puntillas daba pasos certeros, sin vacilación alguna. Me sorprendió que no le importara estar empapada de pies a cabeza.
Pequeña y delgada, de cabello ondulado color negro que le caía hasta la cintura aplastado por el agua. No pude resistirme y me le fui acercando sin dejar de seguir sus pasos con mi mirada. Me detuve a una distancia considerable desde la que podía verla a la perfección, sin ser detectado. Su rostro anguloso, constituido por facciones firmes, me recordaba a un hada, de esas que uno escucha en cuentos o ve en películas infantiles.
Tenía los ojos cerrados como si estuviera inmersa en su baile. Me sentí incapaz de alejar mi vista de ella y de pronto también a mi dejo de importarme que la lluvia me mojase. Era ridículo, pues era casi seguro que la joven no alcanzaba la mayoría de edad, pero no lo tenía en cuenta mientras contemplaba su figura más dulce y sensual con cada movimiento.
De a poco el baile se fue haciendo cada vez más lento, hasta que se detuvo quedándose en pie aún con los ojos cerrados. Inesperadamente se tapó el rostro con las manos y cayó de rodillas sobre la acera convulsionando presa del llanto. Desesperado por saber que el pasaba y sin pesarlo ni un mínimo segundo, corrí hasta ella.
Señorita, ¿se encuentra bien? pregunté acuclillándome frente a ella.
La joven se destapó el rostro, me miró con sus orbes miel, húmedos por una mescla de lágrimas y lluvia, y negó con la cabeza, casi imperceptiblemente.
¿Le duele algo? mi parte médica la fue chequeando. Al parecer exteriormente se encontraba bien, pero no podía estar seguro que no hubiese daño en el interior ¿Estas herida?
Volvió a negar y me sentí un poco aliviado. Aunque me seguían preocupando sus ojos húmedos.
¿Por qué lloras? le tomé de la barbilla y con suavidad la obligué a ponerse de pie.
He perdido lo que más quería en esta vida sollozó cerrado los ojos fuertemente. No pude disfrutar de él y ahora ya no está más…
El llanto le imposibilitó seguir hablando. La vi tan vulnerable, tan sola y la envolví con mis brazos, dejando que llorase contra mi pecho. Con paciencia logré ponernos a resguardo de la lluvia, y mientras ella aún se apretaba a mi cuerpo, hice una llamada a Nicolás para que me cubriera esa noche, no iba a dejarla sola.
Alcé a la bailarina en el aire, para transitar con rapidez bajo la lluvia. Sin que ella protestara, la llevé a mi auto y la deposité en el asiento del copiloto, busqué una de las mantas que llevaba siempre en mi baúl junto al botiquín de primeros auxilios y cubrí a la joven con ella para que ya no tomase más frio.
Subí a mi puesto, frente al volante y no pude evitar echarle un ojo a mi acompañante antes de arrancar. Ella sostenía la manta a la altura de su mentón tiritando, casi congelada.
¿Puedo saber tu nombre?
Paula tartamudeó castañeando. Paula Eraldo.
Bien, Paula, soy Cristian Conte le sonreí. ¿Dónde queda tu casa?
No tengo casa ni a donde ir, no tengo a nadie gimió angustiada. Me siento tan perdida si él…
Sh…Sh… le acaricié la mejilla con dulzura Tranquila, nena, yo estoy aquí y no pienso abandonarte.
Gr…gracias esbozó una débil sonrisa antes de cerrar los ojos y dormirse agotada por el llanto.
Yo, por mi parte, manejé tranquilo sabiendo muy bien donde debía llevarla. Mientras recorría las calles me preguntaba, quién era ese a quien Paula había perdido y por qué era tan importante para ella. Idiota, me dije, cuando había detenido el auto en el estacionamiento de mi edificio. Seguramente había perdido a su pareja, el amor de su vida. Paula no tenía tiempo ni ganas para que alguien pensara en ella de forma romántica.
Abrí la puerta del copiloto e intentando no despertarla, volví a cogerla en brazos y caminé al ascensor. En cuanto llegué a la planta siete, no tuve más remedió que llamar a la puerta de mi casa, porque jamás sería capaz de buscar las llaves y abrir con la carga que llevaba.
Cristian mi ama de llaves me miró extrañada. ¿Quién es ella?
Hazme un favor, Elisa, déjame pasar y ahora te lo explico hice una mueca a la vez que tomé a Paula de mejor forma, para que no se me cayese.
Oh, sí. Lo lamento Elisa se corrió de la puerta y al fin pude ingresar.
Fui hasta mi habitación con rapidez, sintiendo los pasos de ella detrás. Meneé la cabeza, Elisa nunca cambiaría siempre tan preocupada por mí. Coloqué a Paula en mi cama, donde ella se acomodó dormida.
Elisa me volví hacia mi perseguidora. Préstale uno de tus camisones y quítale la ropa mojada antes que coja una gripe.
Si. ¿Qué le sucedió? ella miró a Paula dulcemente.
Sufrió una gran pérdida, pero sé que se repondrá —miré a la mujer que dormía en mi cama—. Te ayudaré a sonreír, bella hada —murmuré mas para mi mismo cuando Elisa salió de la habitación y con delicadeza corrí el oscuro cabello que le caía por la frente.

Volverás a reírte de veras
aunque creas que estamos perdidos
Volverás a reírte de veras
si te quedas conmigo

Me le acerqué despacio, manteniendo mis ojos fijos en los suyos. Le rocé los labios con la yema de mi dedo pulgar, disfrutando de su sorpresa. Sonreí, acortando aún más el espacio entre nuestros rostros hasta tal punto que pude sentir su aliento. Estaba seguro que iba a besarla, estaba seguro que ella sabía lo que pretendía.
No, Cristian musitó sin apartar la mirada de mí. No puedo.
Me alejé de ella enfadado, no con ella, si no conmigo mismo. ¿Cómo podía haber olvidado sus sentimientos, todo lo que ella acaba de pasar?
Lo lamento dije dándole la espalda. No pensé en ti. No quería abrumarte. Es solo que me gustas, me gustas mucho.
Pero no se puede a ella también parecía dolerle el hecho de que era imposible algo entre nosotros.
Si lo sé. Necesitas tiempo, no debe ser fácil asimilar que has perdido a tu pareja elegía cada palabra con sumo cuidado tratando de que me perdonara.
¿Mi pareja? contorsionó su bello rostro en una mueca. No sabía a qué me refería.
Me dijiste que había perdido a alguien a quien amabas mucho le recordé sus palabras. Que estabas perdida sin ÉL recalqué el él, para que viera lo que yo entendía de eso.
Ah… se mordió el labio inferior. Me malinterpretaste. Yo no perdí a mi pareja, perdí a mi bebé de unos meses de vida.
Ups… Siempre meto la pata apreté la mandíbula enfurecido. Lo lamento, debe de ser muy duro para ti dulcifiqué mi expresión. Entonces, ¿por qué no me dejas ayudarte con tu dolor? Si no te gusto, dímelo. No tengas miedo. Si es así, igualmente me gustaría ayudarte.
No, si me gustas esas palabras proviniendo de su boca me supieron a gloria. Solo que no me parece que esto esté bien.
¿Qué puede haber de malo en que te quiera? para mí lo que decía no tenía ni pies ni cabeza. No lo entiendo.
¿Y tu mujer? esa pregunta me descolocó por un segundo.
¿Te refieres a Elisa? en cuanto ella asintió sentí tal alivio, que comencé a reír tontamente. No debes preocuparte por ella volví a acercármele y la abracé con ternura riéndome en el hueco de su cuello. Ella no importa.
¿Cómo que no importa? preguntó ofendida y se apartó un poco de mi para mirarme cara a cara.
No, no importa. Ella no es mi esposa ni mi mujer ni nada parecido… Es mi ama de llaves.
Oh, Dios… Soy una tonta su rostro cobró un dulce tono escarlata. Es que yo creí… Los vi tan… Me siento muy tonta.
No eres tonta le dije aún estrechándola entre mis brazos. ¿El creerme casado era tu único impedimento para que te esté a tu lado?
Si bajo la mirada. Si era el único.
Entonces esta dicho, te quedas conmigo me sentía tan alegre que le besé la frente. Esta misma iremos a comprar las cosas para acondicionarte un cuarto.
Me regalo una sonrisa bella, que hizo que sus ojos dorados brillaran.

Y te vi bailar bajo la lluvia
te llevaste mi amor en vena
Te vi llorar bajo la lluvia
Quien te hubiera quitao la pena

¿Qué edad tienes, Paula?
Ambos caminábamos por las calles del pueblo. Me había pedido el día en el trabajo para pasar todo el día a su lado, pero no se lo había dicho a ella pues sabía que su alma caritativa se sentiría culpable de sacarme de mi rutina. Ella no sabía que habría vendido mi título medico solo por pasar algunas horas en su compañía.
Diecinueve me dijo sonrojada y bajo la cabeza.
¡Madre mía! murmuré, pero si la pasaba por una docena de años ¿Terminaste el colegio?
Si, me embaracé después de eso, fue en la universidad respondió Paula contándome más de lo que yo le había preguntado. Mis padres me dijeron que no volviera a casa si no me había desasido de mi bebé, el padre tampoco quiso saber de él y me vi sola, embarazada... Estuve en algunos refugios, en casa de alguna amiga, pero todo se volvió difícil cuando nació Mati... él era débil, era invierno y murió de neumonía una lágrima se deslizo por la mejilla de ella.
Lo lamento, nena entrelacé sus dedos en los míos. Yo estoy aquí para ti.
Observó nuestras manos unidas y, sonrojada, apoyó su frágil cuerpo contra mí, dejando su cabeza contra mi hombro. ¡Que el diablo me llevara! Esa niña me tenía enganchado con sus ojos.

Volverás a reírte de veras
aunque creas que estamos perdidos
Volverás a reírte de veras
si te quedas conmigo


Hacía alrededor de dos meses que Paula vivía conmigo y la casa se había vuelto más alegre. Me encantaba volver del trabajo y verla a ella cantando en la cocina, ayudando a Elisa con la comida. Mi ama de llaves se había vuelto como una madre para ella, la cuidaba en todo. Y fue ella quien se puso de mi lado cuando le dije a Paula que le ayudaría a terminar la universidad. Aunque primero se resistió, finalmente, logramos que confesara que soñaba con ser profesora de danza clásica.
La primera vez que te vi bailabas bajo la lluvia recordé tras su confesión. ¿Por qué?
Muchos escribe, otros cantas, a mi solo el baile me saca la tristeza los ojos le brillaron al hablar del baile. Iba a danza en la escuela y obtuve una beca para la universidad gracias a eso. Tenía talento, iba llegar al Ballet de Moscú, pero me embaracé... Ya no puedo aspirar a eso, pero quiero enseñar.
Puedes seguir aprendiendo y luego te ayudaré abrir una escuela de ballet le dije orgulloso de mi chica.
No puedo pedirte eso...
No te estoy preguntado le guiñe un ojo. Además eso no se hace de la nada, tendrás que esforzarte.
Esta bien, pero te pagaré por todo lo que me estás dando, Cris.
Soy yo el que está pagando tu presencia en mi vida sin resistirme le robe un beso de sus labios, dejándola alucinada y sonrojada.

Y Te vi bailar bajo la lluvia
Te limpié el corazón de arena
Tu sexo es carne de aceituna
de un olivo en la carretera.

Te llevo tantos años, mi hada susurré mientras la tenía entre mis brazos. Nos encontrábamos en mi cama amos enrollados en el otro, ella dormía y yo le acariciaba la espalda desnuda con suavidad.
No me importa, Cristian me besó el borde de la barbilla sobresaltándome.
Tienes tanta vida que seguir sin mí. Yo no puedo impedir que vivas tu juventud como mas te guste.
Hace demasiado que perdí mi juventud, Cris ella sonrió con ternura apretándose más contra mi cuerpo. Además, soy mayor de edad hace exactamente un minuto y yo decido con quien paso mi vida.
Miré el reloj, eran la medianoche pasada por un minuto. Mi niña cumplía veintiún años. Hacían más de dos años que ella había entrado en mi vida, pero solo hacía seis meses que salíamos como pareja. Yo con mis treinta y tres años, seguía pensado en que era un viejo para ella. Había intentado actuar solo como un benefactor en su vida, pero mi corazón y hasta ella misma rompieron mis planes.
Feliz cumpleaños, pequeña —besé su cuello, acariciando el resto de su cuerpo.
— No vas a deshacerte de nunca —rió como una niña pequeña que hace una travesura y se escapo de mi—, pero hoy tendrás que atraparme —y así desnuda como estaba salió corriendo.
Yo también reí y de un salto, salí tras ella. Esa niña era capaz de devolverme a mi juventud, me hacía olvidar que mi familia ya no estaba, llenaba mi soledad con su menudo cuerpo.

Volverás a reírte de veras
aunque creas que estamos perdidos
Volverás a reírte de veras
si te quedas conmigo

Apoyado en el marco de la puerta miraba a Paula revolotear alrededor de la cuna del bebé. Llevábamos cinco años juntos, casi tres de casados y solo dos días siendo una familia completa.
Ella iba y venía, canturreando una nana. Me daba gracia verla así como toda una madraza, pero sabía que tras esa fachada risueña y juguetona se escondía la mujer que tenía miedo que la vida le quitara de nuevo a un hijo.
Mi vida, si sigues mirando así a Ale lo ojearás me burlé de ella con ternura mientras la abrazaba por detrás.
Paula se giró en mis brazos y me miró con sus ojitos llenos de emociones. Era tan pequeña contra mi cuerpo, tan niña y mujer a la vez.
— Siento que si me alejo de él, le puede pasar algo —sollozó contra mi pecho.
Desde que habían salido del hospital, ella no había dejado a nuestro hijo ni un segundo solo.
— El no es Matías, Pau —me dirigió una mirada dolida y yo suspiré—. No quiero ser malo contigo, cariño, pero nuestro bebé, está sano, tuvo lo mejor desde que fue concebido. Te puedo asegurar que nada va a pasarle, palabra de médico, y que hasta va vivir más años que nosotros.
— Gracias por aguantarme, Cris —me besó el cuello suavemente y yo la apreté más contra mi cuerpo.
— No, gracias a ti por bancar a este viejo —tomé sus labios entre los míos—. Te amo, mi pequeña hada.
— Y yo a ti, Cris...


1 comentario:

  1. ¡Qué lindo relato Lu! Se me había pasado, no lo había leído? Me encanta tus descripciones nena, son maravillosas. Tienes mucho talento te felicito. Un besote mi sol

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