martes, 22 de enero de 2013

Segundo relato 2° Aniversario


Quédate conmigo.

Aun nos falta mucho por andar
Los dos aprender hablar con la verdad
Un tropiezo es una prueba a nuestro amor
Superarlo sería lo mejor

Mi sangre corría por cuerpo como un río vertiginoso de lava, quemándome las entrañas. Los celos me carcomían con fuerza y yo no dejaba de darle vueltas a la conversación que había escuchado que tenía mi compañero de trabajo con su chica del mes.
La tonta policía había llegado a la hora del almuerzo para besuquearse con su él y darle el resumen de los chismes de su comisaria.
¿A que no sabes a quién han puesto en las oficinas? le dijo con ella con su voz chillona, la cual pude escuchar desde mi lugar a varios metros de allí A la oficial Isla, la muy perfectita esta ahora tras un escritorio... Lástima que solo sea porque está embarazada de tres meses y no porque se halla equivocado, pero me conformo por verla los siguientes seis meses pudriéndose de aburrimiento sonrió asquerosamente, mientras yo no estaba muy seguro de si había entendido bien sus palabras. Sabes que yo no soy nada cercana a esa tonta... aún así, ni con lo chismosas que son las internas, escuche de algún novio de ella. Para mí, el padre es José Williams, pues se la pasa yendo a verla, la saca a almorzar y le compra flores... puso los ojos en blanco... Ay, caramelito ¿Cuándo me compraras flores?
Ella siguió hablando, pero yo ya había escuchado todo lo que quería... Y esas eran las palabras que aun me atormentaban. ¿Somara estaba embarazada? ¿Sale con José? Mis puños se cerraron con fuerza. José era mi amigo. No seas hipócrita, tú la dejaste. Si tenía ya tres meses, significaba que ya estaba embarazada cuando me fui. Maldito hijo de puta, si ese bebé es mío no me lo quitarás. ¿Pero y si de verdad era de él? No, Somara no podía haberme engañado.

Si me extrañas regresa aquí a mi lado
No digas nada tan solo ven y entrégate
Despiértame de esta locura

Me encontraba en uno de los flancos izquierdos del salón, enfundada en mi uniforme, alegre de dejar por alguna hora el escritorio para hacer algo fuera. Mi hermano y José eran demasiado sobreprotectores conmigo, ser guarda en una gala de beneficencia no iba a hacerme ningún mal a mí ni al bebé, es mas lograría quitarme algo del aburrimiento que me invadía. Aún así, ninguno de los dos lo sabía, para ellos yo estaba en casa de una amiga. Una pequeña mentirita.
Somi, no me esperaba verte por aquí la voz de Paula me saltar del susto.
¿Por qué no? le cuestioné temiendo que supiera algo.
Creí que no te gustaban este tipo de espectáculos ella me sonrió con amabilidad y yo pude respirar tranquila.
Si, pero el trabajo es el trabajo miré alrededor como vigilando, aunque el motivo principal era no encontrarme con sus ojos, mi ex suegra podía ser muy perceptiva y yo muy legible. ¿Anda Cristian contigo?
Si, ya sabes como es mi marido, ya me ha abandonado por un par de colegas bromeó y no pude evitar embozar una sonrisa, que se desvaneció en cuanto fije la vista en las figuras que caminaba hacia nosotras.
Cristian, venía en busca de su esposa, pero a mi él no me preocupa, sino quien venía a su lado. Su hijo llevaba un traje oscuro que acentuaba el gris de sus ojos y combinaba muy bien con su cabello oscuro. Inevitablemente, nuestras miradas se cruzaron. Alejandro parecía sorprendido de verme allí y yo me reprendía, por no pensar que la familia Conté iría a ese tipo de eventos.
Mientras más se acercaba mi ex, mis malestares aumentaban. No me sentía ni física ni mentalmente preparada para enfrentarme a él, después de que me dejara. Sentí que lo ojos se me humedecían y se me formó un nudo en el estómago.

Quédate conmigo
en tus ojos me quiero encontrar
llenarte de felicidad
y junto a ti ganar.
Quédate conmigo,
vamos de la mano a caminar.
Yo no te soltare jamás.
Volvamos a empezar.

Mi celular vibró en la mesa de noche, con rapidez lo cogí antes de que despertara a Ale que dormía plácidamente a mi lado. Habían saltado las alarmas de uno de los bancos más grandes de la ciudad y necesitaban a todos los efectivos posibles patrullando por la ciudad en busca de los ladrones.
Me levanté sin hacer ruido y fui al baño a alistarme. Cuando terminé, fui buscar mi anillo de compromiso, que reposaba en su cajita de terciopelo rojo, y me lo coloqué como mi amuleto de buena suerte. Estaba por irme cuando la mano de Ale me aprisionó la muñeca.
Somi...
Es muy temprano, cariño... Tengo que ir al trabajo, vuelve a dormir me le acerqué para besarle los labios, pero él me corrió el rostro ¿Qué pasa?
No vayas...
No me hagas esto, Ale le rogué con paciencia. Ya hablamos de esto. Es mi trabajo. Vamos suéltame, José vendrá en unos minutos a buscarme.
No jaló de mí y caí en la cama sobre su cuerpo. Yo puedo mantenernos a ambos. No vas a trabajar más.
Alejandro, suéltame... ya me había enojado En serio, ya viene José y me voy a ir a hacer mi trabajo te guste o no. No voy a quedarme toda mi vida dentro de una casa.
Si, si yo lo digo... aseguró él muy pagado de sí mismo.
Eso hay que verlo le escupí francamente fastidiada de su actitud y logré soltarme de su agarre para caminar a la puerta. No soy de tu propiedad, soy tu prometida, somos iguales... Si no lo entiendes...
No terminé la frase y me largué de allí, justo en el momento que la bocina de la patrulla sonaba fuera de la casa.
Volví, seis horas después, ya mucho más tranquila y con ganas de hacer las paces con mí novio. Pero la casa estaba vacía, él no estaba allí ni sus cosas y una nota me espera en la cocina.

Lo siento, pero me cansé de ser el único que lo da todo por esta relación.
Parece ser que finalmente no somos compatibles.
Adiós.
Alejandro.

Las lágrimas rodaron por mis mejillas, a la vez que estrellaba un florero contra el suelo. Él no podía dejarme, no cuando faltaba dos meses para boda.

No es fácil hoy dejar el miedo atrás.
Sentir nuestro amor.
Arriesgarnos de verdad.
Mucho tiempo nos tomo llegar aquí.
Pero amarte es todo para mí.

Somara, la bella mujer estaba parada al lado de mamá con su uniforme de servicio. Me sorprendió verla allí, tal vez el destino me daba una oportunidad de averiguar qué sucedía entre nosotros. Ella me miró angustiada y pude notar que sus ojos se llenaban de lágrimas sin derramar.
Aquí estas, amor papá agarró a ma de la cintura y la beso en los labios. Buenas noches, Somara.
Bu... buenas noches, Cristian sentí que la voz de ella le temblaba mientras saluda a mi padres sin dejar de mirarme a mí, como si vigilara mis movimientos.
Hola, Somara le dije y traté de sonreírle, ella desvió la vista temblando.
— Linda, ¿te encuentra bien? —pregunto mi madre, poniendo mis dudas en palabras— Te veo demasiado pálida.
— Solo necesito ir al baño —dijo ella en un murmulló y se dio la vuelta para ir hacia allí.
Mi corazón dio un salto para empezar a latir erráticamente, cuando ella se desplomó en el suelo sin aviso y ante mis ojos. Corrí hacia ella, desesperado por saber que había sucedido.
— No la toques —me dijo mi padre, quien comenzó a comportarse como un medico—. Primero deja que la vea —Cristian se acercó a Somara y le tomó el pulso, mientras yo estaba al borde de un colapso nervioso—. Tranquilo hijo, solo se ha desmayado.
Suspiré audiblemente y vi de reojo que mamá sonreía con picardía. Decidí no hacerle caso, me acerqué a Somara y la alcé en brazos para llevarla a uno de los salones que quedaban pegados al lugar del evento, todo con permiso del médico.
Sentir su cuerpo delgado contra el mío fue un alivio para mí después de esos meses sin tenerla cerca. La deposité en un sillón y sin querer abandonarla, tomé su mano con mía. Con la otra le acaricie el rostro, acomodando los cabellos rubios que le caía sobre la frente de manera desordenada.
De pronto, ella gimió en voz baja y abrió los ojos desorientada.

Si me extrañas abrázame más fuerte.
No digas nada.
Tan solo ven y entrégate.
Despiértame de esta locura.

Alejandro sostenía una de mis manos, mientras acunaba mi rostro con la otra. Me miraba ansioso. Miré alrededor y descubrí que ya no estaba en el salón de baile, sino en un cuarto adjunto a este.
¿Qué sucedió? no quería hablarle a él pero me impelía la necesidad de saber.
Te desmayaste, Somi dijo él con ternura. Nos diste un buen susto.
Lo lamento, discúlpame con tus padres me liberé de su mano y quise erguirme, pero un dolor intenso me recorrió la cabeza, que me hizo jadear.
Despacio, te has dado un golpe fuerte.
Alejandro déjame en paz le espeté ansiado que desapareciera, pero igualmente me erguí despacio, saqué mi móvil de uno de los bolsillos de mi pantalón y marqué. ¿José? Estoy bien, solo necesito que me vengas a buscar... ante la mirada feroz de Alejandro le dije a mi amigo donde estaba, quería largarme de allí... No lo quería cerca mi bebé.
Somara, yo puedo llevarte a tu casa.
No, José viene por mí. Sigue con tu fiesta...
Deja de decir tonterías, niña... me regaño enojado. ¿Por qué eres tan terca? Acaso quieres dañar al be...
Se detuvo antes de decir la palabra completa, pero eso no impidió que supiera lo que iba a decir. Contuve el aire durante algunos segundos y cuando lo solté, rompí a llorar. Él lo sabía... ¿Cómo se había enterado?
¿Por qué no me lo dijiste? cuestionó poniéndose de pie.
Porque no tienes nada que saber en medio de mis lágrimas aún seguía furiosa con él.
Alejandro cerró los puños e iba contestarme cuando la puerta se abrió y entró Cristian seguido de José.

Quédate conmigo,
en tus ojos me quiero encontrar
llenarte de felicidad
y junto a ti ganar
Quédate conmigo,
vamos de la mano a caminar.
Yo no te soltare jamás
Volvamos a empezar

Mi padre le preguntó a Somara como se sentía, mas ella no le respondió solo se levantó y corrió a los brazos del que una vez había sido mi amigo. La vi llorar sobre su hombro con tristeza.
Ya lo sabe, ¿no? José me miraba con suficiencia y yo quería matarlo en ese mismo instante Te doy un consejo, si no vas a hacerle ningún bien, deja que yo me encargué de ella y del bebé.
No estoy hablando contigo... rugí entre dientes Somara, dime de quien es...
Ella jadeó y él la abrazo más fuerte entre sus brazos.
¿Qué se supone que insinúas?
Ya te dije que no hablo contigo, Williams.
Bien... Como quieras José miró a ella. No tienes que soportar todo esto Somi. Vamos.
Le rodeó los hombros con el brazo y la llevó hacía la puerta.
Ella no se va hasta que me conteste los frené enfurecido.
Alejandro Cristian que aún estaba a un costado llamo mi atención. Deja que se marche, tanta conmoción puede hacerle mal.
Miré a mi padre con rabia, pero finalmente suspiré y salí de la habitación.

A veces no nos entendemos
y en la impaciencia nos perdemos
Muy rápido quisiéramos volar.
No es tan difícil acercarnos
y en lo que amamos de los dos perdernos.
Ven aquí, despiértame de esta locura

Ni siquiera cuando vi a Alejandro salir de la habitación hecho una furia me quedé tranquila. Sabía que él no dejaría las cosas así que me buscaría. Como lo temía, a una semana de habernos reencontrado apareció en mi departamento. Me encontraba mejor, había tenido tiempo de meditar mi posición. Yo no lo quería a mi lado, no por pena o por compromiso. Él no me amaba y eso estaba más que claro, si dudaba de mí.
Hola, Somara... aún estando tan segura de lo que quería no pude evitar que todo mi cuerpo se estremeciera al verlo parado en mi puerta. Vine porque tenemos que hablar.
Lo sé. Pasa lo invité a pasar y él lo hizo, aunque parecía un poco incomodo en ese lugar que habíamos compartido como pareja. ¿Quieres un café?
¿Por qué?
Mm... arrugué el entrecejo Trato de ser amable...
No frustrado sacudió la cabeza. ¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada?
— Mira... Me enteré de mi estado una semana después de que te fueras. No puedes esperar que corriera a contártelo. Yo estaba tan enojada contigo. Además, tenía que esperar que pasaran los meses de riesgo —me senté en mi sofá y dejé caer mi cabeza entre mis manos—. Tú no sabes lo que fueron estos meses para mí. Amo a este bebé, Alejandro, porque es tuyo y es mío. Pero no te quiero ni en su vida ni en la mía...
— No puedes alejarme de mi hijo —negó él como si eso lo aterrorizara.
— ¿Ahora si crees que es tuyo? —lo miré con lágrimas en los ojos— ¿Cómo pudiste pensar que ten engañaba con tu amigo? ¿Acaso no me conoces? ¿No sabes cuanto te amaba?
— Soy un idiota, Somara... La otra noche hablaron mis celos, no yo —se sentó a mi lado y tomó mis manos—. Me dolía tanto comprobar que era verdad que estabas embarazada y que no me lo habías dicho, que dije cosas que no quise.
— No puedes dejarme dos meses antes de nuestra boda y esperar que te mantenga al tanto de lo que me pasa, Alejandro. Y no me mires así. Sé que tienes tanto derecho sobre este bebé como yo, pero recuerda que tú te fuiste solo.

Quédate conmigo
 en tus ojos me quiero encontrar
llenarte de felicidad
y junto a ti ganar
Quédate conmigo,
vamos de la mano a caminar.
Yo no te soltare jamás
Volvamos a empezar

Veía como las lágrimas caían por el rostro de Somara y cada una era un puñal en mi corazón al saber que yo era el culpable de ellas. ¡Dios! ¿Cómo pude haberle hecho tanto daño? Le acaricié el rostro secándolo. Y ella tembló ante el contacto de mis dedos.
Somara... ella levantó la vista y me miró a los ojos Recién dijiste que me amabas, ¿ya no lo haces?
Ella alejó mis manos de su rostro y tomó distancia al ponerse de pie.
No sé de que serviría mi respuesta...
Tan solo contestas, Somi le rogué con miedo a que hubiera sido demasiado, a que ella ya no me quisiera para nada. ¿Ya no me amas?
Somara gimió angustiadamente y asintió sollozando compulsivamente.
— No puedo dejar de amarte por mucho que lo intente, por nuestro hijo que llevo en mi vientre y porque en el fondo no quiero hacerlo, Ale —me dijo ella y yo sonreí—. Pero me has hecho mucho daño...
No...no...no... me puse de pie de un salto temblando de terror Por favor, Somara. No me digas que es todo. No me digas que ya no hay vuelta atrás. Te amo... Cometí mil errores, pero no puedo perderte... Me fui porque creía que tu ya no me querías a tu lado... Me dijiste que si no lo aceptaba...
Sé lo que dije, pero no fue enserio ella frunció la boca. No puedes echarme toda la culpa a mí.
No lo hago, Somi, pero no me abandones... me arrodillé frente a ella desesperado por no perderla Quédate conmigo. Te prometo que ya no soltaré tu mano, que juntos afrontaremos cada piedra en el camino. Quiero que seamos una familia, quiero ser tu marido y el padre de nuestro hijo... ¡Dios! Volvamos a empezar... Te prometo que cambiaré.
No se trata de cambiar, Ale Somara negó.
¿Significa eso que no?
No, significa que te amo como eres dijo ella arrodillándose al frente de mi y tomando mi rostro entre sus manos. Nos amoldaremos al otro, te prometo que pondré de mi parte, amor.
Me abrazó llorando y yo me aferré a su cuerpo feliz de tenerla de nuevo en mis brazos. Había extrañado su olor, su calidez, su voz... Por fin parecía despertar de esta locura. La besé en los labios y luego en el vientre, alegre de escuchar su risa. Ahora todo era perfecto.


2 comentarios:

  1. Pero tu te superas cada día más mi niña. Que hermoso relato, que completo y bien descrito. Te felicito Lu. Un besote grande.

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  2. Hola :)

    Este es un mensaje meramente informativo para comunicar, solo a los seguidores del blog, que se ha cambiado la url del blog a www.apuestoportisaga.blogspot.com
    Gracias por el apoyo y espero que continúes acompañándome.

    ¡Muchos besotes y cuídate!

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